lunes 29 de enero de 2007

Especulaciones

No es posible levantarse pronto si a alguien se le ocurrió escribir: "...había también unos cuantos que, no sé como, no habíamos perdido del todo el sentido común y los sentidos corporales, y que, como no teníamos el gusto personal de que nos gustara lo que tuviera que gustarnos, como no sabíamos nunca bien lo que deseábamos, pues, en fin, que aprovechábamos el tanto y a la sombra del Desarrollo nos lo pasábamos de puta madre....Bastaba con no comprar ni auto ni televisor ni psicólogo ni roquero ni entrada para la Expo ni cucharita de heroína ni bronceador para la piel ni jaculatorias tibetanas, y ya con eso y otros cuantos noes, las manos se te llenaban de cosas buenas, que sólo gracias al Desarrollo se te podían haber dado" y tú lo lees antes de dormir, porque tanta claridad no es buena para conciliar el sueño.
Ayer alguien me dijo "yo sólo puedo ofrecerte mi guitarra" y no sé si quiso quedar como un poeta o lo hizo sin ser consciente de que decía algo precioso, el caso es que, al fin y al cabo, está bien que sucedan cosas inesperadas.
Ójala pudiera dejar de establecer lineas divisorias entre las categorías de personas, y ovidar los baremos y las jerarquías y simplemente beberme la cerveza escuchando sin recelos y sin la sospecha latente de que cualquier comentario puede dejarles fuera de juego.

domingo 28 de enero de 2007

Normalmente, cada día reservo un momento para estar contigo. Después de interminables horas en las que mi cuerpo va y viene mecánicamente de un edificio a otro, me detengo a contemplar tu presencia, o más bien tu ausencia. A veces, trazo líneas imaginarias de cuerpos que no llegan a unirse, otras, improviso coloquios distendidos y casi siempre tu voz se me pierde con el sonido de un cláxon o de un frenazo. Me cuesta a veces, por ejemplo, esbozar tus sonrisas, porque casi nunca me sonríes de cerca y es un ejercicio mental muy complejo, o calibrar las medidas de tus facciones (la distancia que separa tu nariz de tu boca, como una especie de deslizadero que culmina con el principio de tus labios, o el breve espacio entre tus ojos y tus cejas, que se levantan evidentes y me despistan y entonces, tengo que reconstruirlo todo otra vez) pero en realidad casi siempre consigo imaginar lo imprescindible con una nitidez precisa, sospechando que es aún más profundo cuando sueño, porque cuando me tocas, siento tus manos por debajo de la piel y el alma tiembla como agitada por un viento frío.
Todos los días, el mismo rato, recobrar instantes repetidos y sentirlos con la frescura del que emprende un viaje. Todos los días soñar, y soñar con poder dejar de hacerlo.

sábado 13 de enero de 2007

Duerme el tiempo

Era impensable que de tus manos llegaran a las mías los trocitos de vida que ibas coleccionando en papeles. Sin embargo, aquí estoy ahora, deslizando mis ojos a través de recuerdos de tinta, de historias que inventaste en cualquier bar.
Igual de inconcebible imaginar tus manos marcando el ritmo de la mañana, en el banco de una plaza, mientras le ofrezco al sol mis párpados para que los caliente y me dibuje en la mirada luces de colores que terminan moviéndose al compás de cada golpe y me transportan mecida hasta tu boca.
Pero es que veces el tiempo se toma un respiro y olvida su ritmo imparable, y nos toca en la espalda por sorpresa invitándonos a desafiar la seriedad de los días. Y de repente lo inverosímil de encontrarse, de que las noches se nos presenten como lienzos blancos sobre los que derramar caricias como fogonazos de luz, de ser capaces de romper las horas con las manos, transformando los segundos urgentes en melodías de latidos que nos llevan.