No estamos tan lejos de la locura. Caminamos tranquilos. Llevamos pintada en la cara una sonrisa tranquila, un trazo que se erige alegre en medio de la confusión del mundo, como un pilar que sustenta toda nuestra lógica confianza. Así parecemos provistos de un estado mental inquebrantable, de una naturaleza sobria de autosuficiencia que se jacta de su poderoso control sobre todas las cosas. Qué lejos, sin embargo, estamos del dominio. Vislumbramos a veces toda la terrible fragilidad que somos como un sueño del que despertamos voluntariamente movidos por la fatalidad de la visión que nos presenta. No, no podemos reconocer que estamos a su alcance, que es mucho más poderosa que nuestro afán de mando sobre ella, que no estamos a salvo en las islas prefabricadas que son nuestras vidas.
Puedo pensar, puedo llevar mi imaginación al extremo, establecer conexiones mentales imposibles en el tiempo y en el espacio y, aferrándome a la inexistencia de los pensamientos inviables, hacerlas posibles con una facilidad vertiginosa. El bien y el mal son solo conceptos abstractos, no hay verdad absoluta. Cualquier aberración puede convertirse en algo comprensible, el altruismo puede no ser más que el fruto de un interés corrosivo...Mi mente transita por un infinito mundo de conceptos opuestos y llega a unirlos todos en un caos incomprensible que destruye cualquier certidumbre. Puedo volver por donde vine, puedo imponer de nuevo un orden, sin embargo, no hay camino que no deje secuelas y, a veces, como despertando de un sueño, veo que entre las manos tengo cada vez menos certezas.
Quizá todo este mundo que se ha creado en torno a esas islas falaces que son nuestras vidas, quizá toda esta intensidad que se nos impone, todo este vivir sin tiempo es una mera estrategia de salvarnos de nosotros mismos, una treta para alejarnos del abismo. Nos aferramos a esta seguridad que nos proporcionan las prisas, empuñando este sistema como un escudo contra nuestra peligrosa naturaleza racional. Nos damos miedo y ese miedo puede ser rentable. Por todas partes nos venden momentos de ocio como un narcótico contra nuestro pensamiento. Y así todos salimos ganando: nosotros, certezas; ellos, dinero.
sábado 28 de abril de 2007
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