martes 26 de junio de 2007

Hoy...

Detrás de un enorme muro contemplo la vida en silencio, observo a la gente vivir sus vidas al otro lado. Cuando hablo, mis palabras sólo sirven para perturbar ese tranquilo silencio y todo cansa y duele. Qué estúpido hablar, qué pretencioso exponer nuestras ideas si ni siquiera son nuestras. Lo que decimos no son más que fórmulas aprendidas. Hemos leído, hemos oído, hemos aprendido de memoria lo que otros pensaron, lo que otros leyeron, oyeron y aprendieron en otro tiempo y en esta cadena interminable de conocimientos heredados hemos quedado atrapados y nos fingimos libres y originales.

Estoy cansada. Me aburre hablar, me aburre observar toda esta farsa. El humano, con toda su mezquindad y toda su esperanza, con sus sueños, con su ignorancia, con sus absurdas metas, me aburre hasta el hastío.