Cuando era pequeña, leí en algún sitio, que silbar provocaba la aparición de arrugas en el labio superior y que, por tanto, si uno quería evitarlas, debía inmediatamente renunciar a este hábito tan poco "femenino".
Debe ser por eso que en Madrid casi nadie silba.
miércoles 31 de octubre de 2007
domingo 28 de octubre de 2007
Profundizar
Él ha podido intuir sin que yo haya dejado ver. Ayer, por fin, pude hablarle. Todo el mundo, últimamente, me insta a que haga las cosas que no me atrevo a hacer; "con esa actitud te pierdes muchas cosas", "haz y dí lo que te apetezca en el momento", "te pasan un montón de cosas bonitas y las dejas pasar", "no pierdes nada", "queda con él"...Bueno, pues ya está, ya vale. Le dije; le dije un poquito, y él ya sabía todo. Sabía que era dolor, sabía que era yo. Dijo, "nos parecemos mucho, Diana". Cuando alguien sabe ver, no es necesario explicar; Quizá lo supo cuando vio a una chica algo extraña entrar en clase con esos libros en la mano. Esos libros que él ya había leído y que, normalmente no veía en las manos de la gente. Quizá la primera mirada, la primera sonrisa. Quizá el primer café. "Me apasiona la gente así" había dicho. Entre ironía e ironía se filtraba algo, a veces sin que yo me diera cuenta, y él, lo había ido recogiendo cuidadosamente hasta formarse una idea, hasta ir completando poco a poco ese difícil puzzle, aún siendo consiciente de que, terminarlo algún día, sería una tarea imposible.
Ayer yo esperaba su llamada, a pesar de que le dije que le llamaba yo. Sabía que no le llamaría. Siempre sabe. "Me apetece mucho verte" También estaba claro que no era el mejor día, que viéndole, solo podría besarle, dejando, como siempre, que me conociese a través de mis silencios. No, sin duda no era el mejor día para vernos y no nos vimos. Sólo hablamos por teléfono. Dos puntos remotos en un mapa de casualidades, de encuentros. No es necesario, en realidad, mucho más que eso para que dos personas estén juntas; la interacción es sólo la parte física, lo material, lo visible. Llegué a casa cansada, con la bufanda tapándome la cara y el teléfono en el bolsillo, y, aunque ya no esperara nada, volvió a llamarme. No dijo nada y dijo, exactamente lo que tenía que decir. Palabras vanas, intrascendentes. Palabras que, en la boca del resto de la gente, resbalan frívolas y absurdas y llegan hasta mi como el frío en una habitación sin muebles. Su voz, sin embargo, las deja salir limpias, sin trucos, como quien, espontáneamente, da un abrazo cálido y rotundo. Quizá porque también él ama y sufre, porque detrás de sus palabras no hay vacío.
Ayer yo esperaba su llamada, a pesar de que le dije que le llamaba yo. Sabía que no le llamaría. Siempre sabe. "Me apetece mucho verte" También estaba claro que no era el mejor día, que viéndole, solo podría besarle, dejando, como siempre, que me conociese a través de mis silencios. No, sin duda no era el mejor día para vernos y no nos vimos. Sólo hablamos por teléfono. Dos puntos remotos en un mapa de casualidades, de encuentros. No es necesario, en realidad, mucho más que eso para que dos personas estén juntas; la interacción es sólo la parte física, lo material, lo visible. Llegué a casa cansada, con la bufanda tapándome la cara y el teléfono en el bolsillo, y, aunque ya no esperara nada, volvió a llamarme. No dijo nada y dijo, exactamente lo que tenía que decir. Palabras vanas, intrascendentes. Palabras que, en la boca del resto de la gente, resbalan frívolas y absurdas y llegan hasta mi como el frío en una habitación sin muebles. Su voz, sin embargo, las deja salir limpias, sin trucos, como quien, espontáneamente, da un abrazo cálido y rotundo. Quizá porque también él ama y sufre, porque detrás de sus palabras no hay vacío.
sábado 27 de octubre de 2007
Obstáculos
Había olvidado, siguiendo así con mi estúpido hábito de olvidar las cosas importantes, que esta mañana venían a arreglar la caldera. El mendrugo de mi casero lleva más de un mes para solucionar el problema y, hasta que no hemos llegado a una situación de precariedad absoluta (los efectos de la pérdida de agua han sido devastadores, la lavadora no funciona, etc...), el buen hombre no ha determinado que sería necesario enviar a alguien que nos sacase de la inmundicia.
Pues bien, ahora mismo, hay tres personas que tienen tomada la cocina. Intentan arreglar la puta caldera pero llevan aquí desde las nueve de la mañana y los indicios parecen apuntar a que no arreglarán nada. Son las tres de la tarde. Cuando me he acercado para informarme, un señor (que desde luego no había visto en mi vida) me ha respondido con evasivas. Si hay algo que detesto en los humanos es que traten de ocultarme la gravedad de una situación. Si no vamos a poder ducharnos, poner a cocer spaghetti o beber un mísero vaso de agua, es mejor que lo sepa desde el principio. El hombre ha pensado que yo era como los jóvenes medio retrasados que vienen de erasmus y a los que les da igual ducharse hoy, mañana, o no ducharse y, con mucha tranquilidad, me ha dicho "en un par de horas esto puede que esté". El "puede que esté" me ha llevado a pensar que quizá no sería posible salir de casa en todo el día, pero, como estoy tratando de pensar de una manera más positiva, en vista de que mi desconfianza hacia los seres humanos no hace sino emperorar las cosas, he dejado que todo siguiera su curso sin ejercer presiones. Me he enclaustrado en mi habitación y me he dormido leyendo a Azuela hasta la hora de comer. Al volver, se respiraba un ambiente funerario; la caldera, yacía en el suelo, despojada de cualquier tipo de utilidad y los obreros, a su alrededor, callaban como reflexionando sobre su muerte. Me he temido lo peor.
No han sabido precisarme cuándo serán capaces de entender el mecanismo del artefacto, de momento, ruido incesante de herramientas e imposibilidad de hacer cualquier cosa.
Es imposible que actualice mis buenos propósitos si, cada vez que lo intento, un nuevo contratiempo se me viene encima. Hay demasiada ineptitud e incompetencia en el mundo como para que algo, por pequeño que sea, salga bien sin haber antes sorteado una cantidad insoportable de obstáculos.
Pues bien, ahora mismo, hay tres personas que tienen tomada la cocina. Intentan arreglar la puta caldera pero llevan aquí desde las nueve de la mañana y los indicios parecen apuntar a que no arreglarán nada. Son las tres de la tarde. Cuando me he acercado para informarme, un señor (que desde luego no había visto en mi vida) me ha respondido con evasivas. Si hay algo que detesto en los humanos es que traten de ocultarme la gravedad de una situación. Si no vamos a poder ducharnos, poner a cocer spaghetti o beber un mísero vaso de agua, es mejor que lo sepa desde el principio. El hombre ha pensado que yo era como los jóvenes medio retrasados que vienen de erasmus y a los que les da igual ducharse hoy, mañana, o no ducharse y, con mucha tranquilidad, me ha dicho "en un par de horas esto puede que esté". El "puede que esté" me ha llevado a pensar que quizá no sería posible salir de casa en todo el día, pero, como estoy tratando de pensar de una manera más positiva, en vista de que mi desconfianza hacia los seres humanos no hace sino emperorar las cosas, he dejado que todo siguiera su curso sin ejercer presiones. Me he enclaustrado en mi habitación y me he dormido leyendo a Azuela hasta la hora de comer. Al volver, se respiraba un ambiente funerario; la caldera, yacía en el suelo, despojada de cualquier tipo de utilidad y los obreros, a su alrededor, callaban como reflexionando sobre su muerte. Me he temido lo peor.
No han sabido precisarme cuándo serán capaces de entender el mecanismo del artefacto, de momento, ruido incesante de herramientas e imposibilidad de hacer cualquier cosa.
Es imposible que actualice mis buenos propósitos si, cada vez que lo intento, un nuevo contratiempo se me viene encima. Hay demasiada ineptitud e incompetencia en el mundo como para que algo, por pequeño que sea, salga bien sin haber antes sorteado una cantidad insoportable de obstáculos.
viernes 26 de octubre de 2007
Hic Incipit
Mucho mejor.
Se acaba la pereza, se acaba el desánimo y se acaba el consumo compulsivo de dulce.
¿Cómo?
Una partida de billar, determinar que no puedo ignorar lo que mi razón dictamina (las discotecas no son más que una suma de animales en las que se asiste a la manifestación más cruda de los peores instintos del hombre y que, admintámoslo de una vez, existen infinidad de cosas más interesantes que hacer), una comida con mi profesora y descubrir que existen las convalidaciones entre los planes de estudios Italia-España, un "si tu no estás bien, nosotros no estamos bien", el necesario escrutinio de libros tras caer en cuenta de que hay lecturas que es mejor postergar, (Schopenhauer permanece, porque está claro, porque es así de fácil), un maravilloso "jeje" en tu mensaje a las dos de la mañana como pidiendo disculpas por querer verme (aunque yo no me atreva, aunque no tenga futuro, aunque mañana no estemos vivos...), un simulacro de botellón sin sentido con los chicos de historia jugadores de mus y en particular, con el chico que repartía estúpidamente las cartas, (porque lo hacía estableciendo vínculos aún siendo consciente de que era inútil, porque sacó un libro de Hume de la mochila y porque tenía una sonrisa maligna estupenda) y una mañana fructífera en la biblioteca de Conde Duque.
Se acabó.
Se acaba la pereza, se acaba el desánimo y se acaba el consumo compulsivo de dulce.
¿Cómo?
Una partida de billar, determinar que no puedo ignorar lo que mi razón dictamina (las discotecas no son más que una suma de animales en las que se asiste a la manifestación más cruda de los peores instintos del hombre y que, admintámoslo de una vez, existen infinidad de cosas más interesantes que hacer), una comida con mi profesora y descubrir que existen las convalidaciones entre los planes de estudios Italia-España, un "si tu no estás bien, nosotros no estamos bien", el necesario escrutinio de libros tras caer en cuenta de que hay lecturas que es mejor postergar, (Schopenhauer permanece, porque está claro, porque es así de fácil), un maravilloso "jeje" en tu mensaje a las dos de la mañana como pidiendo disculpas por querer verme (aunque yo no me atreva, aunque no tenga futuro, aunque mañana no estemos vivos...), un simulacro de botellón sin sentido con los chicos de historia jugadores de mus y en particular, con el chico que repartía estúpidamente las cartas, (porque lo hacía estableciendo vínculos aún siendo consciente de que era inútil, porque sacó un libro de Hume de la mochila y porque tenía una sonrisa maligna estupenda) y una mañana fructífera en la biblioteca de Conde Duque.
Se acabó.
miércoles 24 de octubre de 2007
A la mierda el Mesotes
Siempre he preferido a los extremistas. El término medio, me ha parecido toda mi vida una especie de hipocresía, y, desconfío, por tanto, de la gente que se mueve invariablemente dentro de él. Yo misma he sido, desde siempre, o al menos desde que tengo recuerdo, una persona de extremos, y he conseguido dejar de funcionar de esta manera tan poco práctica pocas veces a lo largo de mi vida. El extermo va, irrevocablemente, ligado a la intensidad, a la pasión, a una manera incontrolable de sentir que no admite contenciones. Las personas que viven en la moderación no son auténticas, son desesperadamente aburridas, me producen tedio, un tedio que viene motivado por su impureza, como cuando uno sabe que las patatas que come son light o que la cerveza que bebe no lleva alcohol.
Sin sorpresas
A heart that's full up like a landfill,
a job that slowly kills you,
bruises that won't heal.
You look so tired-unhappy,
bring down the government,
they don't, they don't speak for us.
I'll take a quiet life,
a handshake of carbon monoxide,
with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
Silent silence.
This is my final fit,
my final bellyache,
with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
Such a pretty house
and such a pretty garden.
No alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
(No surprises, Radiohead)
Un corazón lleno como un vaciadero de basura,
un trabajo que mata lentamente,
contusiones que no se curan.
Te ves tan cansado e infeliz,
derroquemos al gobierno,
ellos no, no hablan por nosotros.
Elijo una vida tranquila,
un apretón de manos de monóxido de carbono.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Silencioso silencio.
Este es mi último exabrupto,
mi último dolor de estómago.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.
Qué linda casa,
y qué lindo jardín.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.
a job that slowly kills you,
bruises that won't heal.
You look so tired-unhappy,
bring down the government,
they don't, they don't speak for us.
I'll take a quiet life,
a handshake of carbon monoxide,
with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
Silent silence.
This is my final fit,
my final bellyache,
with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
Such a pretty house
and such a pretty garden.
No alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.
(No surprises, Radiohead)
Un corazón lleno como un vaciadero de basura,
un trabajo que mata lentamente,
contusiones que no se curan.
Te ves tan cansado e infeliz,
derroquemos al gobierno,
ellos no, no hablan por nosotros.
Elijo una vida tranquila,
un apretón de manos de monóxido de carbono.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Silencioso silencio.
Este es mi último exabrupto,
mi último dolor de estómago.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.
Qué linda casa,
y qué lindo jardín.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.
martes 23 de octubre de 2007
Parábolas siniestras
Al llegar a casa, después de una soporífera clase de Novela Hispanoamericana en la que, inútilmente, hemos comentado un libro, me he puesto a ver una película que me recomendó el subnormal de mi compañero de piso. El pobre, no debió hacerlo con mala intención; Tuvimos, en una cena, la típica conversación sobre cine en la que cada uno narra una interminable lista de películas que vio en algún momento de su vida, demostrando así, la cantidad de autores de culto y cine independiente que conoce, e intentando imponerse sobre la experiencia cinéfila de los demás, que, llegados a este punto, le miran extasiados con una extraña mezcla de derrota y admiración en la cara. Salió, pues, a colación, Takeshi Kitano y el horripilante título de una de sus películas: Battle Royale. Mi ingenuidad me llevó a decir que no la había visto y el sábado, antes de la fiesta, unos importunos nudillos llamaron a mi puerta. Battle Royale, irremediablemente ya estaba en mi vida.
No suelo tener en cuenta las recomendaciones, sobre manifestaciones artísticas en general, que provengan de seres que desconozco, o, cuyo criterio, tras haberlos conocido un poco, tuviera la certeza de que fuera dudoso. Esta vez, no sé porqué, a pesar de tener la absoluta seguridad de que no podía dejarme guiar por la opinión de este tipo, he puesto la maldita película. Lo que sigue, no son sino minutos de estupidez delirante; un planteamiento demencial, un sinfin de diálogos absurdos e infantiles, sobreactuación ridícula, grandes dosis de violencia gratuita e inmoralidad para el pueril público japonés que traga lo que le echen. He conseguido ver, sin llorar de rabia, diez minutos de película. Tras comprobar que lo que se producía en la pantalla, era más de lo que podía tolerar, la he quitado rapidamente, aún sabiendo, que debo devolverla, a poder ser, con una crítica favorable y una sonrisa de agradecimiento. Estos freakes son así, o estás con ellos, o estás contra ellos. Le diré que "no es de mi gusto". Como si eso significase algo.
Tras esta abominable experiencia, he intentado ponerme a leer en la cama, pero no he conseguido concentrarme, en parte, porque el capítulo era especialmente tedioso, y en parte, admitámoslo, porque me ha irritado comprobar empíricamente que tengo otro retrasado mental como compañero de piso. Además, dicho sea de paso, el visionado infernal que prevalecía a la lectura, me ha llevado a pensar en la crítica (he leído verdaderos elogios a esta película) hecho, que ha terminado exasperándome del todo e impidíendome definitivamente proseguir con el libro. He resuelto que lo mejor sería dormirse, ya que el sueño, tiene ese efecto purificador; nos aleja momentáneamente de las vicisitudes de la vida, y por unas horas, desaparece todo lo miserable y dañino a lo que estamos normalmente expuestos. Pues bien, tras una llamaba telefónica que ha interrumpido mi placido descanso, he tenido una pesadilla espantosa.
Estaba en una especie de monasterio en el que había mucha gente aglutinada. De pronto, me encontraba con una ex amiga de la infancia, por la que, en la actualidad, siento un profundo desprecio, y al verme, comenzaba a gritar y a perseguirme. La gente, trataba de contenerla sujetándola de los brazos, mientras ésta, se retorcía en una especie de endemoniadas convulsiones llenas de ira contra mi, gritándome insultos de lo más desagradable. Yo, asustada, me iba. Me ha sorprendido el hecho, de que, no era propiamente una huída, porque, a pesar de que tenía miedo de que ese ser perverso me alcanzara si lograba zafarse de las muchas manos anónimas que la sujetaban, me alejaba de allí despacio, como si, en realidad, me diese igual lo que se me vinera encima. Pensar ésto, ha sido especialmente deprimente cuando me he despertado. Tras este episodio, yo continuaba caminando por los alrededores del monasterio/convento y veía como dentro se estaban llevando a cabo los preparativos de una fiesta, algo parecido a una boda multicultural. Curiosamente, en el interior, se hallaba la mujer que me sirve la comida en la facultad, que, no sé debido a qué motivo, me tiene un gran cariño en la vida real. En el sueño, incomprensiblemente, me dirigía miradas llenas de odio a través de la verja que nos separaba. Recuerdo que esto me disgustaba profundamente. Después yo interpelaba a una anciana que pasaba cerca de allí, con las manos afectadas terriblemente por el reúma, acerca de lo que acontecía dentro del recinto. La mujer me decía que, efectivamente, se trataba de una boda, y, acto seguido, comenzaba a explicarme cómo en un principio pensaron construir la iglesia dentro del monasterio (¿?) y de qué manera, más tarde, los arquitectos convinieron dejarla fuera para que se apreciara la maravillosa fachada. Lo más lamentable del sueño, eran, sin lugar a dudas, mis ganas de participar en la celebración. Traté, sin exíto, de que la anciana me contase algo más acerca de la naturaleza de la fiesta, pero ella no oía, sólo hablaba de arbotantes y arcos de medio punto y hacía caso omiso a mis preguntas, asi que, desistí y en ese momento, y con una sensación de espantosa pesadumbre, me he despertado.
No voy a ser yo la que establezca el símil entre el sueño y mi vida, o al menos, voy a evitar, como si así no dejase constancia de ello, escribirlo aquí.
No suelo tener en cuenta las recomendaciones, sobre manifestaciones artísticas en general, que provengan de seres que desconozco, o, cuyo criterio, tras haberlos conocido un poco, tuviera la certeza de que fuera dudoso. Esta vez, no sé porqué, a pesar de tener la absoluta seguridad de que no podía dejarme guiar por la opinión de este tipo, he puesto la maldita película. Lo que sigue, no son sino minutos de estupidez delirante; un planteamiento demencial, un sinfin de diálogos absurdos e infantiles, sobreactuación ridícula, grandes dosis de violencia gratuita e inmoralidad para el pueril público japonés que traga lo que le echen. He conseguido ver, sin llorar de rabia, diez minutos de película. Tras comprobar que lo que se producía en la pantalla, era más de lo que podía tolerar, la he quitado rapidamente, aún sabiendo, que debo devolverla, a poder ser, con una crítica favorable y una sonrisa de agradecimiento. Estos freakes son así, o estás con ellos, o estás contra ellos. Le diré que "no es de mi gusto". Como si eso significase algo.
Tras esta abominable experiencia, he intentado ponerme a leer en la cama, pero no he conseguido concentrarme, en parte, porque el capítulo era especialmente tedioso, y en parte, admitámoslo, porque me ha irritado comprobar empíricamente que tengo otro retrasado mental como compañero de piso. Además, dicho sea de paso, el visionado infernal que prevalecía a la lectura, me ha llevado a pensar en la crítica (he leído verdaderos elogios a esta película) hecho, que ha terminado exasperándome del todo e impidíendome definitivamente proseguir con el libro. He resuelto que lo mejor sería dormirse, ya que el sueño, tiene ese efecto purificador; nos aleja momentáneamente de las vicisitudes de la vida, y por unas horas, desaparece todo lo miserable y dañino a lo que estamos normalmente expuestos. Pues bien, tras una llamaba telefónica que ha interrumpido mi placido descanso, he tenido una pesadilla espantosa.
Estaba en una especie de monasterio en el que había mucha gente aglutinada. De pronto, me encontraba con una ex amiga de la infancia, por la que, en la actualidad, siento un profundo desprecio, y al verme, comenzaba a gritar y a perseguirme. La gente, trataba de contenerla sujetándola de los brazos, mientras ésta, se retorcía en una especie de endemoniadas convulsiones llenas de ira contra mi, gritándome insultos de lo más desagradable. Yo, asustada, me iba. Me ha sorprendido el hecho, de que, no era propiamente una huída, porque, a pesar de que tenía miedo de que ese ser perverso me alcanzara si lograba zafarse de las muchas manos anónimas que la sujetaban, me alejaba de allí despacio, como si, en realidad, me diese igual lo que se me vinera encima. Pensar ésto, ha sido especialmente deprimente cuando me he despertado. Tras este episodio, yo continuaba caminando por los alrededores del monasterio/convento y veía como dentro se estaban llevando a cabo los preparativos de una fiesta, algo parecido a una boda multicultural. Curiosamente, en el interior, se hallaba la mujer que me sirve la comida en la facultad, que, no sé debido a qué motivo, me tiene un gran cariño en la vida real. En el sueño, incomprensiblemente, me dirigía miradas llenas de odio a través de la verja que nos separaba. Recuerdo que esto me disgustaba profundamente. Después yo interpelaba a una anciana que pasaba cerca de allí, con las manos afectadas terriblemente por el reúma, acerca de lo que acontecía dentro del recinto. La mujer me decía que, efectivamente, se trataba de una boda, y, acto seguido, comenzaba a explicarme cómo en un principio pensaron construir la iglesia dentro del monasterio (¿?) y de qué manera, más tarde, los arquitectos convinieron dejarla fuera para que se apreciara la maravillosa fachada. Lo más lamentable del sueño, eran, sin lugar a dudas, mis ganas de participar en la celebración. Traté, sin exíto, de que la anciana me contase algo más acerca de la naturaleza de la fiesta, pero ella no oía, sólo hablaba de arbotantes y arcos de medio punto y hacía caso omiso a mis preguntas, asi que, desistí y en ese momento, y con una sensación de espantosa pesadumbre, me he despertado.
No voy a ser yo la que establezca el símil entre el sueño y mi vida, o al menos, voy a evitar, como si así no dejase constancia de ello, escribirlo aquí.
Deficiencias
Incumplido mi pacto de dejar de fumar, como casi todos los acuerdos que surgen espontáneamente en noches de borrachera. El caso es que soy consciente de que es un hábito monstruosamente nocivo y que, en realidad, tampoco me sienta bien. No sé si lo he comentado, pero ultimamente no me encuentro muy bien de salud. Supongo que el deterioro de mi estado físico, se viene produciendo por extensión de mi perturbado estado mental. De cualquier manera ahora mismo me estoy fumando un cigarro y me está sentando como un tiro.
Ayer fue un día completamente inútil. Después de haberme dormido miserablemente y de faltar a las clases de por la mañana, recorrí los cincuenta kilómetros que me separan de la ciudad que me vio nacer y que tanto detesto, para dar una maldita práctica de conducir. Al llegar a la autoescuela, la secretaria, que guarda en su alma, o así me pareció a mi desde el principio, algo oscuro y perverso, me comentó, restándole importancia, que había olvidado rellenar el cuadrante de la profesora que se encarga de instruirme. En estos casos, suelo perder los nervios y, o bien, termino descargando mi rabia quejándome de la ineficiencia del ser humano en questión, con el fin de que éste se sienta tremendamente culpable y miserable por haberme hecho perder tiempo y dinero, o doy por zanjado el asunto antes de verbalizar mi desprecio, y me llevo la rabia conmigo para irla dosificando en pequeñas dosis a lo largo del día. Esta vez no fue así, pero más bien por cansancio, y, extrañamente, logré dominar mis impulsos. Digo que más bien por cansancio, porque lo tomé como se recibe un golpe doloroso en el estómago que te inmoviliza durante un tiempo, dejándote sin fuerzas para actuar, para bien o para mal. Asi que, escuché pacientemente la sarta de imbecilidades y excusas, dejándome llevar por el efecto casi hipnótico de sus diabólicos subterfugios y me fui a casa sin fuerzas.
Ultimamente, y no es algo que antes hiciera con frecuencia, me dejo arrastrar por un sentimiento abúlico que me lleva a evitar las situaciones polémicas. Supongo que porque he descubierto que la gente casi nunca aprende de nada.
Ayer fue un día completamente inútil. Después de haberme dormido miserablemente y de faltar a las clases de por la mañana, recorrí los cincuenta kilómetros que me separan de la ciudad que me vio nacer y que tanto detesto, para dar una maldita práctica de conducir. Al llegar a la autoescuela, la secretaria, que guarda en su alma, o así me pareció a mi desde el principio, algo oscuro y perverso, me comentó, restándole importancia, que había olvidado rellenar el cuadrante de la profesora que se encarga de instruirme. En estos casos, suelo perder los nervios y, o bien, termino descargando mi rabia quejándome de la ineficiencia del ser humano en questión, con el fin de que éste se sienta tremendamente culpable y miserable por haberme hecho perder tiempo y dinero, o doy por zanjado el asunto antes de verbalizar mi desprecio, y me llevo la rabia conmigo para irla dosificando en pequeñas dosis a lo largo del día. Esta vez no fue así, pero más bien por cansancio, y, extrañamente, logré dominar mis impulsos. Digo que más bien por cansancio, porque lo tomé como se recibe un golpe doloroso en el estómago que te inmoviliza durante un tiempo, dejándote sin fuerzas para actuar, para bien o para mal. Asi que, escuché pacientemente la sarta de imbecilidades y excusas, dejándome llevar por el efecto casi hipnótico de sus diabólicos subterfugios y me fui a casa sin fuerzas.
Ultimamente, y no es algo que antes hiciera con frecuencia, me dejo arrastrar por un sentimiento abúlico que me lleva a evitar las situaciones polémicas. Supongo que porque he descubierto que la gente casi nunca aprende de nada.
domingo 21 de octubre de 2007
Silencio
Una constante repetición de las obsesiones de siempre.
Luchar.
Escribir para luchar contra los caprichos de la memoria.
Para no morir.
Ningún hombre o mujer presta tan desinteresadamente sus oídos y se deja manchar por nuestras desdichas como lo hace el papel en blanco. Nunca la atencion, ni la sensibilidad ni el tiempo suficiente. La empatía, la inteligencia, el sentido del humor, no es el necesario en ningún caso.
Ójala todos aquéllos que ignoran se callasen. Cómo íbamos a disfrutar del silencio.
Cada vez hablo menos porque cada vez soy más consciente de mis carencias.
Cada vez me detengo más a escuchar.
He descubierto que a la gente le gusta que la escuchen porque cree que sabe lo que dice. La mayoría de las personas tienen un concepto bastante positivo de sí mismas. La gran mayoría es estúpida, ignorante, presuntuosa y cerril. Mientras escucho a esos hombres y mujeres, fingiendo que me interesa lo que dicen, pienso que ójala se callasen y dedicaran todo ese tiempo que malgastan a leer más, o se fueran al campo, alejados de las ciudades donde se producen esas conversaciones que les dan la oportunidad de hablar ensuciando las mentes de los demás con sus estupideces.
La gente malinterpreta lo que lee. Nietzsche no merece que su teoría del superhombre se convierta en una especie de manual de autoayuda para deficientes y personas con problemas de autoestima. Tampoco merece que le pongan su nombre a un bar donde se reúnen pijos con vidas profundamente vacías y una pobre imagen de sí mismos que intentan disfrazar perteneciendo a uno de esos grupos de modernos intelectuales alternativos que se expanden sin control y que, en realidad, persiguen los mismos fines absurdos que la mayoría indiferenciada.
Nos lo estamos cargando todo. Menos mal que algunos, sabiendo o ignorando, conservan la dignidad cuando, inteligentemente, callan.
Luchar.
Escribir para luchar contra los caprichos de la memoria.
Para no morir.
Ningún hombre o mujer presta tan desinteresadamente sus oídos y se deja manchar por nuestras desdichas como lo hace el papel en blanco. Nunca la atencion, ni la sensibilidad ni el tiempo suficiente. La empatía, la inteligencia, el sentido del humor, no es el necesario en ningún caso.
Ójala todos aquéllos que ignoran se callasen. Cómo íbamos a disfrutar del silencio.
Cada vez hablo menos porque cada vez soy más consciente de mis carencias.
Cada vez me detengo más a escuchar.
He descubierto que a la gente le gusta que la escuchen porque cree que sabe lo que dice. La mayoría de las personas tienen un concepto bastante positivo de sí mismas. La gran mayoría es estúpida, ignorante, presuntuosa y cerril. Mientras escucho a esos hombres y mujeres, fingiendo que me interesa lo que dicen, pienso que ójala se callasen y dedicaran todo ese tiempo que malgastan a leer más, o se fueran al campo, alejados de las ciudades donde se producen esas conversaciones que les dan la oportunidad de hablar ensuciando las mentes de los demás con sus estupideces.
La gente malinterpreta lo que lee. Nietzsche no merece que su teoría del superhombre se convierta en una especie de manual de autoayuda para deficientes y personas con problemas de autoestima. Tampoco merece que le pongan su nombre a un bar donde se reúnen pijos con vidas profundamente vacías y una pobre imagen de sí mismos que intentan disfrazar perteneciendo a uno de esos grupos de modernos intelectuales alternativos que se expanden sin control y que, en realidad, persiguen los mismos fines absurdos que la mayoría indiferenciada.
Nos lo estamos cargando todo. Menos mal que algunos, sabiendo o ignorando, conservan la dignidad cuando, inteligentemente, callan.
"En cuanto a mí, jamás me he arrepentido de otra cosa que de mis omisiones: lo que no he hecho, lo que no hago, lo que estoy a cada momento dejando de hacer. Me remuerde la incapacidad de dedicarme, de entregarme igual y continuamente a nada, ni siquiera a la poesía, que es lo único que de verdad me importa".
Jaime Gil de Biedma. Retrato del artista en 1956
Jaime Gil de Biedma. Retrato del artista en 1956
jueves 18 de octubre de 2007
Omnipresencia
Llega a mis manos "Caro Diario" como si me estuiveses guiñando un ojo desde lejos. Lo descubro tarde. Este miserable azar que se empeña en traerte de vuelta, que juega y se retuerce hábilmente para que todo parezca estar conectado.
Vete ya.
Vete ya.
viernes 12 de octubre de 2007
Utilitarismo
Quieren gente creativa para dejar de aburrirse.
Anda y que os jodan,
Sucios y miserables aprovechadores del tiempo.
Anda y que os jodan,
Sucios y miserables aprovechadores del tiempo.
Abdicación
Quizá porque hoy la soledad me parece igual de absurda que la compañía, y el hombre, igualmente ridículo cuando sufre, cuando ama, o cuando llora de alegría. Porque la amistad resulta siendo al fin y al cabo, el mismo juego anodino de renuncias y entregas que la enmistad o el amor, y unos y otros, parte del mismo entramado insensato de relaciones que ocupa nuestra vida. Qué insensatez hablar de felicidad o infelicidad, qué disparate dos personas que se divierten juntas.
El caso es que por una cosa o por otra me he despertado echando de menos.
El caso es que por una cosa o por otra me he despertado echando de menos.
jueves 11 de octubre de 2007
De vuelta
Al atardecer, asomado por la ventana,
Y sabiendo de soslayo que hay campos en frente,
Leo hasta que me arden los ojos
El libro de Cesário Verde.
¡Que pena tengo de él! Él era un campero
Que andaba preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo en que miraba hacia las casas,
Y el modo como reparaba en las calles,
Y la manera como daba por las cosas,
Es el de quien mira hacia los árboles,
Y de quien desciende los ojos por el camino por donde va andando
Y anda reparando en las flores que hay por los campos...
Por eso él tenía aquella gran tristeza
Que él nunca dijo bien que tenía,
Pero andaba en la ciudad como quien anda en el campo
Y triste como aplastar flores en libros
Y poner plantas en jarros...
("El guardador de rebaños" /Alberto Caeiro/ Fernando Pessoa)
Y sabiendo de soslayo que hay campos en frente,
Leo hasta que me arden los ojos
El libro de Cesário Verde.
¡Que pena tengo de él! Él era un campero
Que andaba preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo en que miraba hacia las casas,
Y el modo como reparaba en las calles,
Y la manera como daba por las cosas,
Es el de quien mira hacia los árboles,
Y de quien desciende los ojos por el camino por donde va andando
Y anda reparando en las flores que hay por los campos...
Por eso él tenía aquella gran tristeza
Que él nunca dijo bien que tenía,
Pero andaba en la ciudad como quien anda en el campo
Y triste como aplastar flores en libros
Y poner plantas en jarros...
("El guardador de rebaños" /Alberto Caeiro/ Fernando Pessoa)
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