lunes 26 de noviembre de 2007

Muerte en Venecia




















"Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir"

sábado 24 de noviembre de 2007

I don´t know why
nobody told you,
how to unfold your love.
I don´t know how
someone controlled you,
they bought and sold you.

...

I don´t know how
you were diverted,
you were perverted too.
I don´t know how
you were inverted,
no one alerted you.

I look at you all,
see the love there that´s sleeping,
while my guitar gently weeps.

(While my guitar gently weeps. George Harrison, The Beatles.)

jueves 22 de noviembre de 2007

Grises

Cuando era pequeña mis padres inventaron un sistema para conseguir que me portase bien: sobre un folio en blanco trazaban una linea vertical, método también utilizado por los presos para llevar la cuenta de los días de encierro, por cada día que hubiese "sido buena". Normalmente conseguía dos o tres lineas seguidas a lo sumo, al cuarto día y después de haberme esforzado por no cometer ningún error, volvía a poseerme un estado de discconformidad con todo y volvía a gritar y a llorar y a maldecir. Mis padres automáticamente tachaban la última línea del papel. La idea de bondad suprema, representada por esa cadena de rectitud, quedaba perturbada. Me había encargado personalmente de desestabilizar aquel disciplinado folio en blanco y me sentía tremendamente culpable. Tras una temporada mis padres admitieron que aquel procedimiento era completamente ineficaz, así que no volví a ver aquellas líneas rectas nunca más.

Aquellas lineas...un reduccionismo absurdo del comportamiento, una idea maniquea y ridícula de la bondad de la que, todavía ahora, se sigue hablando en términos absolutos.

Qué incapaz es la gente de ver los matices.

martes 20 de noviembre de 2007

Mañana

Existen las casualidades.

Salimos de la facultad y nos dirigimos hacia una librería. Yo tenía la intención de comprar "Una giornata particolare" pero, como tantas otras veces, lo que yo quiero está agotado, así que decidimos ir al Corte Inglés. En el momento en que nos aproximamos a la salida, vemos a Willy ascender por la escalera metálica; ¿Andábamos sin buscarnos, pero sabíamos que andábamos para encontrarnos?. Se decide ir a tomar una cerveza y, como siempre, esa cerveza se convierte en la sucesión de infinitas cervezas bajo el permanente y falso propósito de que la siguiente sea la última. Se analizan, como en un examen, detalles de mi personalidad que se escapan por las fisuras de mis gestos. No me siento incómoda y consiento; todo el proceso responde a un deseo intímo y ególatra de conocerme, de que me conozca, de seguir encontrando respuestas.

Del primer bar fuimos al segundo. "Me gustaría, (sólo es un deseo), que alguna vez hicieras un plan improvisado conmigo", se lee en una nota destinada a apuntar canciones para el camarero argentino. Lo firma E. M. Cioran, causualmente. Bajo el efecto de la cerveza le correspondo con otra nota seguramente demasiado optimista.

domingo 18 de noviembre de 2007

"La vida me roba páginas..."

jueves 15 de noviembre de 2007

Grrr...

En mi clase sobre el "proyecto de psicología para neurólogos" de S. Freud, después de que el chico con la cara de cabra me pidiera un boli y a continuación me sugiriera, con un patético intento de mirada sensual, que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa para follar conmigo, he entrado en una especie de diarrea mental, en la que los pensamientos fluían atropelladamente, y, unidos por enlaces muy sutiles, iban, poco a poco, componiendo sistemas de ideas bastante lúcidos. Como me veía, además, en la obligación de atender al discurso sobre la transmisión energética de las neuronas del profesor tartamudo, no he podido recopilar fielmente casi ninguna de mis reflexiones, no obstante, recuerdo algo relacionado con Salva:

En una mirada retrospectiva, tomando la distancia suficiente como para ver las cosas desde una justa perspectiva, y esto es, desligada de todo tipo de sentimiento cegador y engañoso, he determinado que existe entre nosotros una distancia insalvable. De pronto, me ha parecido, tras analizar escrupulosamente algunos de los momentos vividos, una persona algo simple. He visto con total clarividencia una estructura mental bastante ramplona, hábilmente camuflada, en realidad, (y este es el motivo por el cual he tardado algo más de la cuenta en verlo) detrás de todo ese elenco de ideas aprendidas, de la experiencia adquirida con los años, de un infinito repertorio de citas y frases célebres. Todo esto me ha llevado a admitir que, entre él y yo, no se producirían tantos conflictos como cabe pensarse, o al menos, existirían menos roces y discrepancias de matices que con, por ejemplo, Miguel, una persona con un sistema de procesos mentales más parecido al mio y por tanto, más exigente y meticuloso a la hora de analizar mi comportamiento y mis ideas. En resumen, a mayor distancia entre dos personas, paradójicamente, menor será la frecuencia con la que surgirán conflictos, y por ende, si esa distancia es más pequeña, la relación entre los dos será infinitamente más compleja.

Dicen, quizá siguiendo este razonamiento, que los polos opuestos se atraen. Siempre he odiado este tipo de sentencias, normalmente articuladas por personas ignorantes, sin embargo, esta en particular, cobra algo de sentido si se piensa que la mayor parte de la gente aboga por la comodidad en sus relaciones. Detesto esta idea dañina de conformidad que veo en la mayoría de las parejas. Seguramente por eso, acabaré sola.

Por eso, y porque soy un coñazo.

martes 13 de noviembre de 2007

Apuntes ( I )

Analicemos:

Motivos por los que odio mi vida en este instante:

- Insatisfacción que no es más que la toma de conciencia de mi propia incapacidad.
- Carnet de conducir: detesto profundamente a los profesores de autoescuela, en primer lugar porque suelen decir cosas como "contra más" o "en ver de", y en segundo lugar, porque a pesar de proferir tales aberraciones se creen que tienen un trabajo fantástico y una vida de la ostia. En mi autoescuela estas generalizaciones están potenciadas hasta límites inconcebibles y se pueden observar en todos y cada uno de los trabajadores. En el caso de mi profesora en particular, ambas características se combinan con una especie de altivez absurda, de una prepotencia, síntoma de bajeza moral, que en el fondo no es más que una manera de ocultar un profundo desprecio hacia sí misma y, es posible, algún que otro trauma infantil que lleva arrastrando toda su vida. Seguramente en el colegio los niños se metían con ella por ser tan jodidamente fea y bajita.
- Me siento completamente incapacitada para realizar cualquier tarea que tenga que ver con la facultad. Estoy harta de codearme con estúpidos en las clases, de ver las caras a esa pandilla de profesores fracasados tan cansados de la vida, me agota escuchar peroratas de intelectualoides, aguantar a palurdos...
- Tema Salva
- Tema Miguel, cómo no. (Hablar en algún momento sobre él para poner en orden este amasijo irracional de ideas obsesivas)
- Tema Willy. De momento no supone un problema, pero sé que en algún momento la historia podrá situarse dentro de un contexto inevitablemente marcado por la incomodidad.
- Intolerancia a la lactosa, flatulencias, hinchazón dolorosa del estómago, impresionantes diarreas.
- Dificultad para prestar atención a las cosas que hago, de forma individual, sin que unas se impongan sobre las otras y sin que mi interés variable recaiga intermitentemente en cada una de ellas, impidiendo que lleve a cabo ningún proyecto hasta su culminación.
- Sospecha de que me estoy volviendo poco a poco más ignorante y de que, a medida que crezco, voy acercándome peligrosamente a un estancamiento de mi capacidad de recepción, de análisis y de asimilación de conceptos. Mi hipótesis viene respaldada por dos generaciones con el cerebro reblandecido por el paso de los años, que la verifican, así que podríamos hablar de una especie de determinismo genético que indiscutiblemente me arrastra hasta la imbecilidad.

Nota:
Hoy, entre tanta soledad, he dedicado unos minutos a mortificarme de nuevo con el recuerdo de Miguel, hasta que, movida por un sentimiento placentero de autocompasión he terminado con unas ganas increibles de llorar. Hacía tiempo que no me ocurría (semanas) y, justo hoy, cuando escribía su nombre en este blog infame, se ha conectado. Desde luego no le digo ni una sola palabra. ¿Para qué?

Todo y nada

Venía pensando en el autobús que son igualmente jodidas una vida de privaciones y una repleta de caprichos y deseos satisfechos.

Hoy, como bien conté ayer, debía pasarme por la oficina erasmus para hablar con una tal Julia y, sin embargo, me he quedado en la puerta de la facultad con la gente de mi curso. Debía, más tarde, pasar una cantidad infinita de apuntes y, sin embargo, me he sentado a fumar mientras escuchaba cotilleos sobre una pobre desgraciada que, al parecer, se acaba de casar, que no me interesaban lo más mínímo. Durante la clase sobre Carpentier he estado leyendo a Martin Amis, y hablando con una noruega idólatra de Gabriel García Márquez, que olía a flores secas y a natillas, y de la que he conseguido zafarme alegando que tenía que coger rápidamente el autobús.

Me espera aún mi absurdo peregrinaje a Guadalajara.

"...con grandes alas de cadenas"

Viajar es sin duda el estado físico que más se adecúa a mi estado mental. Cuando viajo no necesito reprimir mi deseo constante de búsqueda; por el contrario, puedo dar rienda suelta a mi espíritu inquieto e inconforme recorriendo calles nuevas, visitando lugares en los que nunca he estado y analizando las sensaciones que éstos me producen. He llegado a sentir cierta libertad errando de un lugar a otro, quizá porque en los viajes no pasa nada si no quieres permanecer demasiado tiempo en un sitio, aunque acabes de llegar. Uno se levanta y se va, porque está viajando.

Pasear por Madrid no es lo mismo. Me siento como un ratón en un laberinto.

De todas formas también siento, como me ocurre con casi todo en la vida, cierta decepción al viajar. Nunca un viaje al recordarlo puede ser plenamente satisfactorio, al menos para mi. Cuando evoco algún itinerario, alguna situación, no puedo evitar sentir cierta tristeza. Esto se explica porque cuando hemos vuelto, somos personas distintas de las que se fueron, y de esta manera, si volviésemos a irnos haríamos cosas muy distintas en función a la nueva persona que somos y no a la que fuimos.

Crecer, es asumir a la persona que dejamos atrás, con sus aciertos y sus errores.


lunes 12 de noviembre de 2007

Pensaba colgar las fotos del fin de semana pero, tras algunas vacilaciones, he decidido aceptar que no seré capaz de levantarme para buscar el cable de la cámara.

Hoy el día ha empezado mal. Una anciana despreciable me ha atendido en el departamento de relaciones internacionales. La mujer, que debía creerse Dios por tener casi cien años y seguir viva, me respondía antes de que yo terminase la pregunta, asi que las soluciones que me ofrecía no me servían de nada. Yo intentaba hacerla entrar en razón con frases amables y sonrisas concesivas, simulando ser una simpática joven con mucho respeto por la tercera edad, explicándole pacientemente que no necesitaba que me relatase doscientas veces el proceso de solicitud de la beca, que ya lo sabía, que solamente necesitaba información de algunas de las universidades de Italia. La tia seguía erre que erre, que si prueba de nivel de idioma por aquí, que si inscripción en Enero por allá, hasta que mi capacidad de tolerancia ha llegado al límite y he desistido, siendo consciente de que no obtendría ningún tipo de información de ese dinosaurio demente. He esperado, con una inequívoca señal de fastidio en la cara, a que se diese cuenta de lo inútil que para mi resultaba toda esa mierda que me estaba contando y la mujer, cansada seguramente de niñas impertinentes, también ha desistido y ha dado paso a una compañera más joven. La juventud, en este caso, no está necesariamente relacionada con un nivel superior de agilidad mental y, tras explicarle tres veces a una especie de Barbie de San Blás que me habían mandado allí desde la facultad, he obtenido la única respuesta que podían darme; "nosotros aquí no podemos hacer nada".

Mañana tengo que lidiar con los del departamento de mi facultad.

Después Salva intenta relatarme los altercados sucedidos ayer en Madrid, mostrando una profunda indignación. A mi en realidad me dan igual pero intento que parezca que también estoy indignada. Continúa manifestando su desprecio por la violencia, criticando a las bandas fascistas y mostrando su repulsa hacia los titulares de los periódicos. Pienso, mientras analizo sus comentarios, cómo es posible a estas alturas del guión, siga sorprendiéndose e indignándose por la ineptitud y la imbecilidad del humano. Sigue hablando con una vehemencia ridícula y me transmite su propósito de acudir a la manifestación contra la violencia. Me parece una gilipollez como un piano pero evidentemente no se lo digo. Tras algún que otro intento fallido de desviar la conversación hacia otros temas se me ha echado el tiempo encima y he tenido que irme. Tiempo perdido, desde luego. Toda esa sucesión de minutos invertidos en una conversación absurda los podríamos haber dedicado inteligentemente a otros fines mucho más fructíferos. Podríamos, se me ocurre, haber visto una película acariciándonos en silencio, o podríamos haber follado. O las dos cosas.

Vuelvo a tener la sensación de batalla perdida en mi guerra con el mundo.

sábado 10 de noviembre de 2007

Antes

Las diez de da mañana.
No he preparado mi mochila y María está a punto de llegar.

Ayer se hablaron muchas cosas.
Hoy se hablarán muchas cosas. Algún día, no estaremos aquí y será como si todas esas cosas no se hubieran hablado nunca. Era más fácil antes, hace mucho tiempo, cuando no sabíamos nada.

Cuando no sabíamos, ni siquiera, que algún día habría que saber.

viernes 9 de noviembre de 2007

La falsedad era esto

¿Cuándo voy a estudiar si últimamente mi vida es una continua y frenética sucesión de acontecimientos?

Recibo una llamada inesperada de Italia. No he entendido bien cúantos días piensa quedarse en casa porque en algún lugar recóndito de mi mente he enterrado parte del italiano que sabía, pero, en cualquier caso, las clases quedan relegadas a un segundo plano.

Un absurdo plan de fin de semana en el campo. Como somos gente de ciudad, estúpidos pequeños burgueses, se nos ocurren las ideas más extravagantes ante la perspectiva de pasar unos días alejados del mundanal ruido. Esto, unido a que la gente está cansada de sus vidas miserables, deriva en una especie de maratón de gilipolleces en el que se ha hablado incluso de llevar un hacha para cortar leña.

Vida social.
Digo yo, que el plexiglás también se rompe.

jueves 8 de noviembre de 2007

Ajeno

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

(Don de la ebriedad, Claudio Rodríguez)

miércoles 7 de noviembre de 2007

Conclusión

Ayer, entre botellas de vino, Foucault, la ataraxia y el Budismo, Pasolini, Jaime Gil de Biedma, "odiamos a Almodovar", el eudemonismo, Fernando Pessoa....alguien dijo refiriéndose a mi "esta chica es capaz de lo mejor y de lo peor"

Creo que, hasta ahora, es la definición que más encaja.

La vida: la suma de todo lo horrible y todo lo bello.

Nos vamos a Venecia.

lunes 5 de noviembre de 2007

Volver...




















...a mirar las casas e imaginarnos viviendo en ellas.

Madrid me agota.

domingo 4 de noviembre de 2007

Individualismo que no lleva a ningún sitio.

Individuos que no van a ninguna parte.



Nos despertamos; te digo "ultimamente tengo pesadillas muy raras"; me preguntas "¿y hoy no?"; la luz está apagada pero sé que me miras "No, hoy no"; y me abrazas un poco más fuerte y yo cierro los ojos.

sábado 3 de noviembre de 2007

Quizá la solución sea la renuncia.

Dejar a un lado las aspiraciones, los sueños, los castillos que inútilmente fabrico en el aire. Quizá sea mejor descartar la posibilidad de conocerme.

He comprobado que el continuo autoanálisis introspectivo, uno de los sufrimientos gratuitos a los que me someto diariamente, es completamente absurdo. Tras convencerme de que no era más que una de las muchas cosas vanas e inútiles que completan mi vida he elaborado una hipótesis sobre la premisa; la solución está en la renuncia: puede que la única manera de acallar mi conciencia, en completo desacuerdo con lo que le rodea y por tanto, incapaz de relacionarse con ello, sea la renuncia a mí misma. La táctica más efectiva y factible (valorando mi naturaleza y sus posiblidades) será un sistema cuidadosamente establecido de concesiones, es decir, la entrega de esa ínfima parte de mí que está de acuerdo con mi entorno. La entrega, por tanto, de mí misma al entorno que me rodea.

En verdad es una idea bastante cobarde porque, de alguna manera, implica matarme. Si considerando que soy, en esencia, este compendio de formas de actuar y pensar, y, tras valorar las que funcionan en contacto con mi medio, decido eliminar aquellas que en mayor o menor grado me perjudican, estoy, posiblemente, contribuyendo a la muerte de mi personalidad. No me importa. No soporto más esta dualidad.

"Entregó su vida a los demás" "Dio su vida por la causa" Me pregunto si en el fondo, lo que le pasaba a esa gente es que no se soportaba.

Eliminar las aspiraciones, rendirse al fin. Eliminarme.

viernes 2 de noviembre de 2007

Si te miro y no hablo, es porque pienso que no es necesario. Porque me vale el "aquí", el "ahora", que en realidad es lo único que tenemos. No hablo de cosas que fueron, no me interesa lo que está por llegar. Me interesas tú, que no eres lo que dices.

Callar y sentir, y, por un momento, dejar de pensar si eso fuera posible.

jueves 1 de noviembre de 2007

De la vida de las marionetas

P.- ¿Sabes qué es lo que más me asusta de todo? No ser capaz de ir a mi trabajo, no ser capaz de leer, no ser capaz de comer una comida común... Tengo miedo al insomnio, a un simple constipado, a un desperfecto del coche, al dolor de cabeza, a tener dolor de muelas... Sé que cualquier desorden amenaza mi sistema de seguridad cuidadosamente ordenado.

K.- Si fuera como tú dices no beberías
P.- Bebo, sólo para aguantar viendo arruinar mi sistema.
K.- ¿Qué ganas haciendo eso?
P.- Así me destruyo completamente.
K.- ¿En qué te conviertes?
P.- En una pulpa de sangre y nervios.
K.- ¿Así estarás mejor?
P.- Así me pareceré mucho más al mundo que me rodea.

Mamma Roma



Irracionales (2)

Vivimos algo que en realidad no existe. Nuestras vidas no son más que puntos vacíos de sentido que trazan inútiles y complicadas trayectorias en mitad de un escenario infinito, que se enredan torpemente entre sí para finalemnte precipitarse a un final que los hace desaparacer. ¿Para qué acumular experiencias? ¿Para qué llenarse la cabeza de conceptos? No sirve de nada ponerle nombre a las cosas, encontrar respuestas, formular preguntas...

No somos más que estúpidas lineas escritas por un zurdo que borra a medida que escribe.

No somos más que inexistencia.

Sin embargo, luchamos, sufrimos por amor, corremos con prisa para llegar a nuestros destinos, estudiamos, competimos...como si eso tuviera algún sentido, como si, haciéndolo, diésemos la razón a ese deseo inútil de permanencia. En realidad, seguimos siendo esos puntos anónimos en medio de la multitud ciega, con pasados que poco importan, con las manos llenas de cosas que perderemos cuando llegue la muerte.

Nadie sabrá nada mañana. Nadie sabrá nucna porqué sufro, o porqué el corazón me desborda de alegría, porque todo mañana será nada.

Nunca seré lo suficientemente hábil para engañarme con que "soy" y preocuparme por ello. Y así siempre esta sospecha, esta conciencia de lo inútil que invalida cada cosa que hago.