domingo 16 de diciembre de 2007

Gilda
















"La odiaba tanto, que no podía quitármela del pensamiento. Estaba en el aire que respiraba y en la comida que tomaba."

sábado 15 de diciembre de 2007

Trivialidades

Hoy ha sido como si hubiese despertado después de haber pasado mucho tiempo durmiendo.

De pronto tengo compañeros de piso, compro maquillaje y pantalones de mi talla.
Tengo teléfono fijo.
Tengo amigos y ganas de ir a buscarlos al trabajo.

Tengo una madre que me habla tranquilamente por teléfono y me dice que la llame cuando esté en uno de esos momentos horribles.

Ayer, viernes, conseguí pasar algunos apuntes. Antes de eso había ocurrido algo...

Fumaba elegantemente (o al menos eso pretendía) en las escaleras de la puerta de la facultad. No pensaba en nada en particular pero estaba completamente absorta en mis pensamientos, concentrada la mirada en un punto remoto. De pronto alguien se aproxima por mi derecha y capta mi atención. Es él, el chico de los ojos azules, que también me reconoce. Se ha cortado el pelo y está más guapo. Bajo, turbada, la mirada hasta que él deja de mirarme. Pasa delante de mi. Sigue en dirección al otro edificio. Por un momento pienso que se irá y que no le veré hasta el lunes siguiente, pero no, vuelve sobre sus pasos y se sienta en las escaleras, detrás de mi. Desde ese lugar puede ver todo lo que hago así que el corazón me late a cien por hora. Es demasiada presión pero continúo mirando el punto, procurando tranquilizarme un poco, tratando de no manifestar mis nervios. Tengo que lograr que mis movimientos sean armónicos y pausados, como una danza sensual, confiando. Mientras contemplo la posibilidad de sacar papel y lápiz para comenzar a escribir cualquier cosa, (en primer lugar para disimular mis nervios realizando cualquier actividad que me distraiga, en segundo, para que vea que soy una chica con una gran vida interior) miro de reojo hacia él. Ya no está. Mierda. Me levanto de allí, no tiene ningún sentido seguir pasando frio, me dirijo hacia la puerta de la cafetería y ¡Zas! allí está él de nuevo, dispuesto a salir por donde yo me propongo entrar. Le miro, me mira, abro la puerta, una chica viene por mi izquierda y espera que tome una decisión. Puedo leer su pensamiento "o entras o sales pero no te quedes ahí como si fueras gilipollas" Sostengo la pesada puerta con mi mano izquierda mientras doy un paso al frente. Él retrocede un poquito y en ese momento me arrepiento y también yo vuelvo hacia atrás. La boca se me llena con un imperativo demasiado brusco, "Sal" le digo con media sonrisa. Se ríe, no me extraña, parezco imbécil, baja la cabeza mientras su risa deja escapar un tímido "vale" y pasa por mi derecha con un libro en la mano. Joder, seguro que va a leer a las escaleras, tenía que haber sacado el cuaderno.

Volví a la biblioteca a pasar apuntes sobre el psicoanális, Breuer, Freud y me dan igual, quiero bajar y hablar con él, ya está bien, ¿Hasta cuando vamos a tener que fingir que no nos conocemos?

miércoles 12 de diciembre de 2007

Psicoanálisis

Llego a la consulta y le explico lo miserable que soy y lo desgraciada que me siento.

-Estás cabreada con el mundo desde hace mucho tiempo.

Me explica que nosotros somos el lugar en el que nuestros padres nos ponen, desde que somos pequeños, y a medida que crecemos. La homosexualidad, educación, la anorexia, protesta, educación también, todo una respuesta del niño a la educación que recibe. Destierro el mito del determinismo genético, somos lenguaje, somos cómo nos han hablado, lo que nos han ido diciendo y podemos desidentificarnos; posibilidad.

Le escucho, sus palabras caen sobre mi lentamente. Explica las cosas, estudiando las palabras, haciendo para mi una bonita selección de vocablos inteligibles, de fórmulas que me tranquilizan como un bálsamo...además, pienso, es el hombre más atractivo del mundo cuando se ríe. Cuando se ríe es increíble, dejamos de estar en una consulta, deja de ser mi médico y no quiero irme de allí jamás.

Ayer le conté todo lo que me vino a la mente, sin preocuparme lo que pensase de mi, sin hacer más absurdos montajes de personalidades. Quiere ayudarme.

lunes 10 de diciembre de 2007

Cine y literatura en Italia

Antes de que comience la clase decido preguntar a una chica en qué consistirá la siguiente hora y media. He faltado durante dos semanas. La chica, desde su asiento, me responde dubitativa con un hilo de voz. Tengo que agacharme para ponerme al nivel de su boca porque no oigo nada. Mientras tanto, la profesora entra en el aula. Continúo intentando sacar información a la chica. Ahora sus palabras son apenas un susurro. Por el rabillo del ojo, la profesora es un bulto amarillo que se mueve de aquí para allá preparando la proyección. La chica, se debate entre dirigir hacia mi su mirada o seguir al bulto con los ojos. Lo noto. Miro a la profesora y, acto seguido, la miro a ella, exigiéndole exculusividad. Vuelvo a preguntar si han visto parte de la película, o si, por el contrario, comenzará desde el principio. La chica finge no haber escuchado y decide centrar su atención en la pantalla todavía en negro. La profesora comienza a hablar en una ininteligible mezcla de italiano y español. Me siento al final, en una fila vacía de sillas adosadas a un largo pupitre, mientras dirijo una mirada criminal a la chica.

Tras unos minutos de explicación de la que, por supuesto, no logro extraer ni dos palabras con alguna relación semántica entre ellas, la puerta se abre lentamente. Una cara se desvela por el intersticio. Es un mexicano que también está en mi clase de Novela Hispanoamerciana. Siempre hace preguntas rebuscadas sobre las lecturas, como si hubiera leído cada libro tres o cuatro veces. Dirige, altivo, una mirada panorámica a los alumnos y toma asiento, dejando una montaña de libros a su lado. Piensa que con ese gesto ha sido más que suficiente para dejar claro que es el que más lee de toda la clase. Veo, a pesar de que desde mi sitio sólo llego a atisbar su perfil, su rostro henchido de orgullo y me dan ganas de atizarle con una barra de hierro en su cabeza de simio.

La profesora continúa con su oscura conferencia acerca de algún hecho acontecido en la Italia de Mussolini. Miro a mi alrededor. No hay ni una persona atractiva en mi clase. Somos doce. Ocho de ellos llevan gafas. Todos tienen pinta de haberse levantado tarde y no haber tenido tiempo suficiente para arreglarse. Me decido a hacer un segundo intento, ésta vez dirigiéndome a la chica sentada detrás de mi:

- Perdona, ¿sabes si la pondrá desde el principio? Le digo sin poder evitar mirar los piercings enganchados en nariz y boca.
- No, llevamos viéndola varios días.
No alcanzo a imaginar cuánto puede llegar a durar esa película.

Las imágenes comienzan a salir de la pantalla. Un tio con bigote y pinta de fascista suelta un discurso en contra del campesinado y lee un manifiesto aburridísimo a favor de la guerra, mientras otro, con cara de inocente y un peinado horrible, le soporta en silencio. Imagino que se trata del protagonista.
El mejicano, sigue la trama embelesado, con la boca abierta como si le pesara mucho el labio inferior. Pienso que una baba espesa caerá de su boca a la mesa en cualquier momento, así que, evito continuar mirándole por si eso sucede.
Suena un móvil. Es de una gorda sentada en primera fila. Seguramente ha olvidado apagarlo porque contaba con que nadie la llamaría. En su mesa reposa un grueso volumen del Decamerón en edición de bolsillo.
El hombre con cara de buen tipo resulta ser un pintor famoso que ejerce también de profesor de niños. Descubro que el mexicano tiene manos porcinas, porque levanta una, como no, para hacer una pregunta estúpida sobre una cita del libro en el que se basa la película. Nos interesa a todos una mierda. El tio habla entusiasmado sobre Virgilio y sobre Dante y yo me doy la vuelta para hablar con la chica de los piercings y consultar cuántas películas absurdas tendré que tragarme para aprobar.
- La verdad es que no he venido mucho, la última vez estaban viendo una de un título raro, no sé decirte, tia...-Dice, mientras masca chicle como si fuese un trozo de neumático. Su cara hinchada y rosa recuerda vagamente a la de un cerdo. La miro incrédula, negándome a asimilar tanta estupidez y, finalmente, resuelvo darme la vuelta y no volver a abrir la boca.

A estas alturas ya se sabe que el pintor, profesor, también es médico. Cada vez le veo más cara de estúpido. El fascista del bigote se ha levantado, indignado, del banco de la iglesia, en la que un cura, medio progre y algo borracho que, supongo, es la carga cómica del film, se declara en contra de la violencia haciendo gestos exagerados con los brazos. La gente se rie de alguna imbecilidad. La risa del mejicano se eleva por encima de las risas de todos los demás y pienso que algún día lo mataré.

Faltan aún más de tres cuartos de hora de clase. Imagino el otoño fuera. Un banco de piedra, a la entrada de la facultad, emerge de un montón de hojas secas. El viento desordena el tapiz marrón y ocre, y casi puedo oír el sonido de las hojas acariciándose entre ellas. A ambos lados del terreno las filas de coches que aplastan las hojas como si fueran cucarachas.

En clase, la película no avanza y los alumnos no se mueven como preparándose para que la pantalla les absorba como una liberación. Tanto a un lado como al otro los personajes son simples, planos y reductibles a exagerados estereotipos.

He decidido irme media hora antes. Me he sentado en el banco de piedra mientras fumaba un cigarro y el sol me daba en la cara. Después de un rato me he levantado, con los ojos aún medio cerrados, para volver a la facultad porque tenía otra vez clase; novela hispanoamericana.

domingo 9 de diciembre de 2007

Mañana es hoy

Me llama Willy desde el trabajo.
- Estoy aburrido, aquí no hay nadie, por eso te llamo.
- Estupendo.

Desde luego, es maravilloso que te digan que te llaman porque se aburren, le alegra a uno el día.

Me había levantado con el cuerpo enredado en sábanas sudadas y malolientes, con el pelo sucio y la boca sabiéndome a suela de zapato y comida podrida. Toda la noche había soñádo cosas horribles y al despertar tenía la sensación de haberlas vivido realmente. De un salto, he conseguido ponerme en pie y abrir la ventana. El aire fresco de la calle se ha colado en la habitación llevándose la atmósfera viciada. He podido contemplar en la calle un montón de pequeñas hojas amarillas y secas esparcidas por el suelo y me ha parecido que habían caído de los árboles para que yo las viese.
Después de la ducha me he sentido algo mejor.

- Bebí muchísmo el otro día.
-Ya, ya me ha dicho Ja.. -se arrepiente de lo que iba a decir- Bueno, pero todo formaba parte del plan de mezclar alcohol con barbitúricos, ¿no? -Bromea-
- Si, claro. Ésta vez he fallado, pero aún tengo muchos días por delante. He fingido que me hacía gracia. No sabe hasta que punto podría llegar a ser verdad.

Observo extasiada los libros encima del escritorio. Nadie los lee, he sumido a mis libros y mis apuntes en un estado de latencia absurdo. Nunca nadie avanza a través de sus páginas, son objetos muertos que han dejado de tener utilidad, se abandonaron. Son ancianos jubilados con rehuma matando el tiempo en los bancos del parque.

He llamado a mi madre tres o cuatro veces, como si ella fuese a darme la clave. Sé perfectamente que no hará nada semejante y aún así le hablo exagerando mi estado de inapetencia, moviendo la boca laxamente cuando hablo, articulando despacio cada sílaba como si me costase un trabajo enorme.

Los libros siguen en el escritorio, intactos.

viernes 7 de diciembre de 2007

Irracionales (¿?)

Llega la Navidad y Madrid es un hervidero de estúpidos que pasean alegremente un montón de bolsas de plástico en la mano repletas de corbatas, juguetes y perfumes.

miércoles 5 de diciembre de 2007

Lo prometido es deuda

Constituye para mi un pequeño triunfo el hecho de haber bajado a hacer la compra esta mañana. He visto al chico parleño del supermercado. No sé si será de Parla, pero tiene toda la pinta. Desde que estuve en Italia he desarrollado una extraña tendencia a fijarme en los trabajadores de las tiendas alimenticias.

Me he acercado a Visor para preguntarles sin tenían el libro de Heidegger, pero, por supuesto, no lo tenían. El dependiente de esa librería tiene cara de orangután y casi nunca conoce nada de lo que le pido. No obstante, este sí lo conocía y ha corregido mi pronunciación haciendo incapié en la sílaba "Hei" pronunciada, por lo visto, "Hai". El muy subnormal, seguro que ni lo ha leído.
El dueño también me mira como queriendo descifrar un enigma imposible. Piensa que existe un tremendo caos en mi cerebro debido a las lecturas dispares a las que dedico mi tiempo y cada vez que entro en la librería puedo leer en su cerebro "ya está aquí otra vez esta desgraciada, a ver qué me pide hoy." Pero yo sigo día a día sorprendiéndole con nuevos autores. Un día fui a comprar "El corazón es un cazador solitario" porque lo había visto recomendado en un artículo del periódico y el hombre incluso se atrevió a hacer un comentario. Con la voz como si retransmitiera una telenovela por la radio dijo algo así como "es una novela estupenda, de verdad, es preciosa"

Como en Visor son unos hijos de puta de mucho cuidado he terminado comprándolo en la Fnac. Luego hablan de que apenas queda un lugar para el pequeño negocio. Evidentemente me he dejado llevar y he terminado comprando varios libros: "El banquero anarquista" de Pessoa, "Pregúntale al polvo" de Fante y el de Heidegger "conceptos fundamentales sobre metafísica": 51 euros. Mi madre trabaja toda la semana para que yo despilfarre el dinero de esta manera. No contenta con esto también me he comprado una camiseta y una bufanda: 21 euros más. Al salir de la tienda me sentía bastante miserable.

Ahora paso apuntes de una asignatura aburridísima. El profesor es, sin duda, uno de los más desagradables con los que me he topado; tiene todos los dientes sucios como si hubiese estado mascando tabaco toda su vida y desde que comenzó el curso no se ha lavado el pelo. Lleva siempre una chaqueta raída, los bolsillos ennegrecidos y desgastados del roce, con marcas de haber transportado siempre muchas cosas en ellos. Da la impresión de oler a perro muerto. Cuando paso apuntes no puedo dejar de evocar con total precisión su acento de maricón reprimido dictándome cada palabra.

Le había prometido a mi madre que hoy sería capaz de estudiar. Le he mandado un emotivo mensaje "Mamá, esta mañana he ido a comprar unos libros, voy esta tarde a la biblioteca a estudiar. Un beso. Te quiero" con ésto la pobre está contenta tres días. Y en realidad, supongo que si ahora estoy metida de lleno en el manuscrito del siglo XVII es por ella, porque el tema me interesa menos que una mierda.
Ayer caí presa de un deseo insomne de apuntar todos mis pensamientos y no pude dormirme hasta las tres de la mañana dando vueltas y más vueltas.

Mi psicoanalista habla de "trabajo": la vida no tiene ningún sentido, excepto el que cada uno quiera darle. A mi me parece estupendo, sólo que yo no quiero trabajar. Me gustaría que las cosas no exigiesen ningún esfuerzo. De cualquier forma he conseguido algunas cosas y me siento un poco mejor.

En la universidad hablé con Óscar, leímos sus apuntes de teoría de las religiones y sentí envidia por no tener una asignatura así, que me motivase un poco. "Cuanto más se aleja uno del camino, mejor contempla el paisaje" decía una de las frases que les dictó muy sabiamente el profesor...por eso yo no voy a clase, claro, para contemplar el paisaje, porque parado es como más se aprende.

Mi escritura sigue siendo una absurda amalgama de estilos. Me doy cuenta mientras contemplo el gotelé de la pared de mi casa, pensando que aquellos pequeños relieves son como cuerpos blancos entrelazados que intentan trepar por la superficie, deshaciéndose en deseos de ascender un poco más, chocando con los otros cuerpos, formando un difícil entramado de brazos y piernas que se superponen, en el que su forma se confunde.

Sin embargo, quiero escribir.

lunes 3 de diciembre de 2007

Temores

He vuelto a tener una pesadilla horrible:

En la universidad (aunque el escenario fuera un cuarto de mi antiguo colegio en realidad) dos mujeres, engargadas de informarme sobre la beca que me han concedido, me ponían una serie de impedimentos absurdos a la hora de recoger el sobre que me hace estar exenta del pago de matrícula. Yo intentaba explicarles que, según el procedimiento, ellas debían ocuparse de enviar el sobre al ministerio y demás, pero las mujeres, que habían estado tomándose un café en el cuarto de atrás hacía unos minutos, y sé esto porque en el sueño echaba un vistazo hacia el cuarto trasero y observaba dos tazas de café vacías con sendas cucharillas dentro, volvían a decirme que aquéllo no era tan sencillo, que verían que se podía hacer.

Yo me iba de aquel lugar con la sensación de que se estaban burlando de mi impunemente, de que ese sobre nunca llegaría a su destino, de que aquellas dos mujeres, por lo que fuese, me odiaban a muerte. Bajaba las escaleras para que oyesen el ruido de mis pasos y pensaran que me había ido, sin embargo, a continuación, retrocedía unos cuantos peldaños con el fin de interceptar algún insulto proferido contra mi, pero una de ellas, no sé como, había previsto mi inteción y estaba asomada a la puerta esperando que ejecutase mi maniobra espiatoria.

Al final, me acercaba de nuevo a la oficina y mediante otra estrategama, lograba convencerlas de mi derecho de recibir el dinero.

Por otra parte habíamos organizado (María, Irene y yo) un viaje a Liverpool para ver un puto partido de fútbol. El vuelo salía a las doce, y, como es lógico, yo no tenía ningún interés en ir a Liverpool, y menos a un partido de fútbol, sin embargo transigía, pensando que al menos vería la ciudad de los Beatles. Al final, a pesar de que mi madre me llevaba en el coche, no lograba coger el vuelo a tiempo.

domingo 2 de diciembre de 2007

Irracionales (3)

No entiendo porqué tienen que marcar mis tiempos. Porqué debo moverme según sus parámentros.

Ahora soy universitaria y debo interesarme por lo que se me impone, debo leer una serie de libros absurdos que no me hacen crecer, que me aburren, que sólo constituyen un medio para tener un título.

Cuando deje de ser universitaria, tendré que dedicar mi tiempo a trabajar, y toda esa lista de libros que quiero leerme quedará postergada para la vejez, y será entonces, cuando encontrar respuestas no sirva de nada, porque estaré más cerca de la muerte que de la vida.

Así es como está estipulado y así es como debe hacerse.

Sin salida

Estaba viendo un fragmento de una película absurda con pretensiones de film interesante y diferente para gente que se cree interesante y diferente, cuando mi compañero de piso ha irrumpido en el salón con una alegría inusual e irrefrenables ganas de hablar. Mientras deglutía el trozo de tostada grasienta, escuchaba el relato de su fin de semana en Marsella, cosa que, por supuesto, no me interesaba en absoluto. Después de unos minutos, se ha percatado, supongo, de que me sentía incómoda y de que no tenía ningunas ganas de permanecer allí un segundo más. Después de huir, con el pretexto de ir en busca de un mechero, he vuelto a enclaustrarme en mi habitación he escrito algo como esto: (copio fielmente algunos fragmentos)

"No puedo escapar del espacio, ni del tiempo.
Me siento asfixiada por el momento, y fumar, hablar, beber o pensar no es nunca
suficiente.
Tengo el pecho oprimido por una certeza, la de que cualquier cosa no sirve absolutamente para nada

Cada posibilidad de acción un muro infranqueable, cada conversación se pierde en el tiempo y yo con ella, como si cada instante muriese una parte de mi....los minutos van sesgando poco a poco mi vida y yo me abandono a esa muerte. No puedo actuar, no puedo pensar ni hablar con claridad."

"Cansancio.
No tener fuerzas para seguir al tiempo, no tener fuerzas para no dejarse arrastrar. Dejo que pasen sobre mi las cosas, con el cuerpo muerto que se lleva el agua.

Un día, una muerte más.


la interacción me agota. Me cansa escuchar, me cansa sobre todo hablar.

Dejo que la vida me pase por encima, que me pisen los momentos, los acontecimientos.
Todo exige un esfuerzo que no estoy dispuesta a hacer. Todo exige un trabajo.

El trabajo es la acción y la acción libera. "

"No hay salida.
Mi vida es claustrofóbica, es quedar atrapado en un armario, debajo de una cama... es que te sujeten ambos brazos con fuerza, los pies con dos grilletes y en la boca una mordaza con la que apenas puedes respirar."

He leído algo de Cioran y ahora estoy aquí, imaginando mi vida.

El no ser perfecta, me hiere

"Entro en el juego de la dulce virgen americana, vestida para seducir"

"Tengo celos de los hombres. Una envidia profunda y peligrosa que puede corroer, imagino, cualquier tipo de relación. Una envidia nacida del deseo de ser activa y hacer cosas, no ser pasiva y sólo escucharlas"

"¿Puede una mujer autosuficiente, excéntrica, celosa y con poca imaginación escribir algo que valga realmente la pena?, y ¿puede formar una pareja?".

"Atrás quedan esos días en busca de la satisfacción egocéntrica de conquistar hombres que se iban derrumbando uno a uno"

(Sylvia Plath)