Tampoco he ido a la facultad esta mañana. He preferido quedarme durmiendo como un oso en su cueva. He tenido unos sueños espeantosos. En uno de ellos, toda mi familia velaba la muerte de mi abuelo. Mi abuelo murió el año pasado. Era como mi padre. Más que nada porque mi padre siempre ha sido un poco cabrón, y yo, tenía que volcar mi afecto en alguna figura masculina que estuviese capacitada para recibirlo. Decía que mi abuelo moría, y nosotros, su familia, nos manteníamos muy cerca de la cama porque sabíamos que sus días se acababan. Luego, no sé porqué, yo hablaba con él por teléfono. Le decía que le quería.
Mi abuelo era un alma pura. Muy buen tipo, de verdad. Ójala viviese todavia. Cuando era pequeña venía a buscarme al colegio. Duerante todo el camino, yo iba contándole historias que no le interesaban en absoluto, pero que sin embargo, escuchaba atentamente como si fuesen cuestiones de vida o muerte. Me quería mucho. Nunca me regañaba por gilipolleces, porque sabía que las gilipolleces daban igual. Era un tipo inteligente, y eso que no tenía estudios, pero sabía lo que había que saber de la vida.
Después de este sueño me ha dado por pensar que moriré sola. ¿Quién va a quererte a ti, que no te esfuerzas lo más mínimo por hacer feliz a nadie? ¿Quién se va a molestar en tolerar tus mezquindades? Mis últimos días los dedicaré a redimirme de mi mal comportamiento con los demás, sin una mano que me acompañe hasta mi muerte. Me he puesto a llorar descononsoladamente durante bastante tiempo. Después he empezado a escribir una historia sobre un matrimonio acabado pero no me salía nada. Hoy no será el día., me he dicho. Y como no tenía tabaco me he fumado un par de colillas que he encontrado después de registrar varios ceniceros.
Un tipo que conocí en un bar me dijo ayer que tenía el corazón roto. La última vez que le vi jugaba a mirarme a los ojos intentando descifrar mis pensamientos, buscaba mis traumas y mi dolor mirándome fijamente a los ojos poniendo cara de tio super profundo. Menudo gilipollas. Se llama Ángel y es psicólogo, además de actor, (efectivamente, una combinación despreciable) y, en definitiva, aspira al mismo fin al que aspiran todos. Él se dice a sí mismo, si me intereso por sus sentimientos verá que no solo quiero tirármela. Pero yo sé perfectamente lo que buscas, Ángel. No me creo en absoluto el teatro absurdo con el que cada día me deléitas. No es que esté mal montado, es que soy una mujer con mucha experiencia y me conozco todo tipo de artimañas.
El caso es que después de que me soltase una sarta de subnormalidades del tipo "solo quiero conocerte, me pareces una chica muy interesante, con una gran sensibilidad", me dijo que si podíamos quedar el miércoles. El miércoles es, oficialmente, mi día libre, aunque esto no signifique mucho, dado que nunca tengo días ocupados porque no voy a clase y tampoco estudio. Le dije que si, que podíamos vernos el miércoles. Así me distraigo un poco de mi misma, me digo, conozco a alguien diferente, aunque sea un poco retrasado y esté mal de la cabeza. Ángel, Ángel, sueñas con besarme, sueñas con nuestros cuerpos desnudos y sudorosos sobre tu cama. Eres un imbécil, Ángel, si señor, porque yo, probablemente dejaré que me beses y dejaré que me folles, pero desde luego, Ángel, siempre pensaré que eres un gilipollas, y me acostaré contigo para distraerme porque la verdad es que no puedes aportarme nada más, solo un pene erecto y conversación banal e insustancial.
Qué pensaría me abuelo de un ser tan mezquino como yo. Qué diría al ver en lo que me he convertido. Abuelo, soy buena chica, son ellos los que no entienden nada.
lunes 31 de marzo de 2008
domingo 30 de marzo de 2008
A quien pueda interesar...
Otra vez el folio en blanco. Me propongo escribir algo realmente brillante. El ceño fruncido, la lengua entre los dientes. Busco en mis registros. Necesito algo bueno de verdad, algo impresionante. Me he levantado de la cama para escribir. Tú todavía sigues en una maraña de sábanas sucias con olor a esperma, ojeando un libro de Quim Monzó. Esta vida es la que yo he creado, vida de auténticos bohemios. Simone de Beavoir, Jean Paul Sartre. Maldita sea, porqué no fluye, porqué lo único que tengo es introspección absurda.
Me asomo a la ventana en busca de inspiración. Todo son paraguas moviéndose por las aceras; chicas que entran en los coches recién duchadas y peinadas. No tengo ningún interés en salir ahí fuera. Tampoco quiero estudiar, ni trabajar, ni tener hijos y pagar hipotecas.
Hay gente que vivió con tristeza el salto a la madurez. Para mi crecer fue toda una liberación. No quería permanecer más tiempo en esa casa. Hay gente que se refugia en esa absurda idea de nostalgia por la infancia. Los niños no son inocentes, son muy hijos de puta, no sé porqué empeñarse en volver a esa mierda. No entiendo porqué la gente tiende a idealizar las etapas de la vida. Los niños que iban a tu clase ya llevaban dentro al mongólico del funcionario que te atiende en la cola del paro. ¿Y qué decir de la adolescencia? Yo entonces tomaba infinitos tipos de droga, salía todos los días en busca de experiencias nuevas y me creía Dios. Pensaba que la gente de mi alrededor era la que no tenía ni puta idea de nada, mientras yo estaba descubriendo grandes verdades que deberían serle reveladas al mundo. Mis padres me veían dar tumbos, y temían que me convirtiese en yonqui o en puta. Jamás escuchaban nada de lo poco que intentaba decirles, así que yo, supongo, me drogaba más. Aunque, quizá, si me hubieran escuchado también lo hubiera hecho, no sé. Escribía para calmar la angustia. Los párrafos eran una vorágine de sensaciones y pensamientos, y cada palabra salía de mis manos con una violencia atroz. Recuerdo que dejaba mis textos a gente que ni siquiera los leía. Muy bien, -me decían-, sigue escribiendo, y cuando llegaba a casa, cansada de vagar por los parques, vomitaba toda mi ira en papeles que, seguramente, mi madre termino tirando.
Todavía siguen, los amigos de entonces, en los mismos parques, sumidos en un ocio infame, fumando porros y pensando que la vida es un asco.
Pero yo estaba tratando de encontrar algo sobre lo que escribir, no quería en absoluto hacer una retrospectiva de mi vida. Cuando me deprimo tiendo a mirar atrás, cosa que me hace deprimirme aún más. Si pienso durante mucho tiempo, es tal la depresión, que termino metiéndome en la cama durante días. A veces no tengo fuerzas ni para leer. Pienso en el futuro, mi futuro brillante, que es lo único que me ha mantenido siempre en este mundo, y paso largas horas soñando con otra vida, pensando en los libros que me faltan por leer y en los hombres que aún me quedan por follarme, y eso es lo que me hace, de repente, saltar de la cama y meterme en la ducha.
¡Ay! que difícil es la vida para los seres humanos inteligentes. Es el precio que hay que pagar por tener una visión privilegiada del mundo, por sentirlo todo con una sensibilidad diferente a la del resto de catetos que te rodean. Me asomo a la calle y me dan ganas de llorar. ¿Dónde vais, gilipollas? ¿No veis que no tiene sentido andar con prisas? Pobres desgraciados.
He dejado de trabajar en la discoteca. Estoy harta de que me miren las tetas con lascivia mientras sirvo copas. Paso demasiadas horas sonriéndole a una gente que detesto, imaginándome lo que pasa por sus mentes enfermas. ¡Soy escritora joder! ¡Una mente brillante! Si estoy aquí barriendo vuestra porquería es porque este mundo es una puta mierda, porque todo está al revés, y mientras yo me codeo con borrachos y subnormales, mientras limpio las colillas de los cigarros que se fuman, los grandes gilipollas del mundo consiguen ascender en su mierda de puestos de trabajo y tener más dinero para comprarse más coches.
Vuelve a llover sin ganas. Yo sigo sin poder urdir una trama en condiciones, algo que la gente quiera leer, una historia con la que deslumbrar al mundo con mi genialidad. He buscado en mi cartera los apuntes que tomé ayer en el metro. Intenté documentarme, salí a la calle buscando ideas y volví con un papel de mierda en el que solamente supe despotricar y volver a lo de siempre. ¿Y si dejase mis aspiraciones? ¿Tan malo es pagar hipotecas, salir a comer fuera los domingos y esperar con ansia las vacaciones?
Putos fines de semana.
Me asomo a la ventana en busca de inspiración. Todo son paraguas moviéndose por las aceras; chicas que entran en los coches recién duchadas y peinadas. No tengo ningún interés en salir ahí fuera. Tampoco quiero estudiar, ni trabajar, ni tener hijos y pagar hipotecas.
Hay gente que vivió con tristeza el salto a la madurez. Para mi crecer fue toda una liberación. No quería permanecer más tiempo en esa casa. Hay gente que se refugia en esa absurda idea de nostalgia por la infancia. Los niños no son inocentes, son muy hijos de puta, no sé porqué empeñarse en volver a esa mierda. No entiendo porqué la gente tiende a idealizar las etapas de la vida. Los niños que iban a tu clase ya llevaban dentro al mongólico del funcionario que te atiende en la cola del paro. ¿Y qué decir de la adolescencia? Yo entonces tomaba infinitos tipos de droga, salía todos los días en busca de experiencias nuevas y me creía Dios. Pensaba que la gente de mi alrededor era la que no tenía ni puta idea de nada, mientras yo estaba descubriendo grandes verdades que deberían serle reveladas al mundo. Mis padres me veían dar tumbos, y temían que me convirtiese en yonqui o en puta. Jamás escuchaban nada de lo poco que intentaba decirles, así que yo, supongo, me drogaba más. Aunque, quizá, si me hubieran escuchado también lo hubiera hecho, no sé. Escribía para calmar la angustia. Los párrafos eran una vorágine de sensaciones y pensamientos, y cada palabra salía de mis manos con una violencia atroz. Recuerdo que dejaba mis textos a gente que ni siquiera los leía. Muy bien, -me decían-, sigue escribiendo, y cuando llegaba a casa, cansada de vagar por los parques, vomitaba toda mi ira en papeles que, seguramente, mi madre termino tirando.
Todavía siguen, los amigos de entonces, en los mismos parques, sumidos en un ocio infame, fumando porros y pensando que la vida es un asco.
Pero yo estaba tratando de encontrar algo sobre lo que escribir, no quería en absoluto hacer una retrospectiva de mi vida. Cuando me deprimo tiendo a mirar atrás, cosa que me hace deprimirme aún más. Si pienso durante mucho tiempo, es tal la depresión, que termino metiéndome en la cama durante días. A veces no tengo fuerzas ni para leer. Pienso en el futuro, mi futuro brillante, que es lo único que me ha mantenido siempre en este mundo, y paso largas horas soñando con otra vida, pensando en los libros que me faltan por leer y en los hombres que aún me quedan por follarme, y eso es lo que me hace, de repente, saltar de la cama y meterme en la ducha.
¡Ay! que difícil es la vida para los seres humanos inteligentes. Es el precio que hay que pagar por tener una visión privilegiada del mundo, por sentirlo todo con una sensibilidad diferente a la del resto de catetos que te rodean. Me asomo a la calle y me dan ganas de llorar. ¿Dónde vais, gilipollas? ¿No veis que no tiene sentido andar con prisas? Pobres desgraciados.
He dejado de trabajar en la discoteca. Estoy harta de que me miren las tetas con lascivia mientras sirvo copas. Paso demasiadas horas sonriéndole a una gente que detesto, imaginándome lo que pasa por sus mentes enfermas. ¡Soy escritora joder! ¡Una mente brillante! Si estoy aquí barriendo vuestra porquería es porque este mundo es una puta mierda, porque todo está al revés, y mientras yo me codeo con borrachos y subnormales, mientras limpio las colillas de los cigarros que se fuman, los grandes gilipollas del mundo consiguen ascender en su mierda de puestos de trabajo y tener más dinero para comprarse más coches.
Vuelve a llover sin ganas. Yo sigo sin poder urdir una trama en condiciones, algo que la gente quiera leer, una historia con la que deslumbrar al mundo con mi genialidad. He buscado en mi cartera los apuntes que tomé ayer en el metro. Intenté documentarme, salí a la calle buscando ideas y volví con un papel de mierda en el que solamente supe despotricar y volver a lo de siempre. ¿Y si dejase mis aspiraciones? ¿Tan malo es pagar hipotecas, salir a comer fuera los domingos y esperar con ansia las vacaciones?
Putos fines de semana.
viernes 28 de marzo de 2008
Lo que pudo haber sido
Conocí a un tipo en París. En realidad, antes de llegar a París. La primera vez que nos vimos fue en el aeropuerto de Barajas. Tenía cara de cansado y llevaba consigo una guitarra. Cuando el avión llegó a su destino, por una serie de circunstancias, después de que él esperara (intencionadamente) su maleta a mi lado junto a la cinta trasportadora, volvimos a encontrarnos en el metro.
Un estudiante erasmus con el que también coincidí en aquel vagón, gilipollas como casi todos, vino a hablarme para ver si conseguía follar esa noche. Evidentemente, como me pareció un subnomal sin remedio, le di largas y una dirección de correo electrónico que no utilizo. El tipo de la guitarra lo observaba todo y me dedicaba de vez en cuando, alguna sonrisa cómplice. Intuí que era un hombre inteligente; se reía cuando tenía que reírse. Además iba leyendo un libro, y bueno, eso siempre es un dato a favor cuando necesitas una excusa para mitificar a una persona, y tienes dudas acerca de si te lo tirarás o no. Hablamos un poco antes de que se bajase del metro. Me dijo que era escritor y actor, y que solamente pasaría unos días en París. Cuando llegamos a su parada me dio un papel, con su número de teléfono y su nombre, que, supuse, debía llevar preparado desde el avión.
Los días posteriores al encuentro, estuve fantaseando con él; Jorge. Estaba escrito con trazos decididos, en tinta negra. Jorge el escritor. Compondrá canciones evocándome en cada una de sus letras, me llevará a su casa repleta de libros, fumaremos escuchando música, y nos deleitamos con los placeres de la vida. Qué alegría, qué cosas tan maravillosas suceden a veces. La vida es un regalo que no sé porqué me empeño en no aceptar. Debería pensar menos y vivir más, salir más de casa y no estar tanto tiempo en ese cuarto escribiendo gilipolleces.
En cuanto logré librarme de algunos compromisos con la gente a la que había ido a visitar le llamé. Recuerdo que estaba en Montmartre y desde allí podía ver toda la ciudad a mis pies. No me gustó su voz, era demasiado grave, pero lo pasé por alto porque era escritor; cuando le conocí llevaba un libro en la mano y una gitarra, no todo iba a ser perfecto. Me contó que había estado en una fiesta con gente importante en París, que estaba tratando de que alguien le subvencionara el proyecto de una película de la que había escrito el guión. También dejó caer que se hospedaba en casa de un actor frances de renombre, amigo suyo. A mi todo esto me daba igual, pero el tio quería asegurarse la cita.
Estuve bastante nerviosa. Me duche, me maquillé, elegí la ropa adecuada, y me lancé a la calle. En el metro preparé una serie de temas sobre los que podríamos hablar, memoricé algunas frases a las que acudiría en el caso de que hubiera que charlar sobre una cosa u otra, y repasé mentalmente las útimas películas, los últimos libros y las últimas noticias de actualidad. También imaginé cómo sería desnudo, el tamaño de su pene, y cosas por el estilo.
Qué bonito sería encontrar al amor de mi vida en París, el hombre por el que me volví loca de pasión y por el cual dejaría toda mi anterior vida de promiscuidad. Se acabó errar en busca de lo auténtico.
Habíamos quedado en Luxemburg. Cuando le vi no me gustó nada. Su sonrisa me recordó a la de un amigo de mis padres, un tio gordo y con cara de retrasado mental. Bueno, en las primeras citas no se suele follar, así que estás un rato charlando y luego le dices que te tienes que ir.
Caminamos un poco por Saint Michel. El tio no paraba de hablar, parecía que le habían dado cuerda, que si corto por aquí, que si película por allá...Yo al principio le escuchaba y sonreía ante los comentarios que creía, debía considerar graciosos, pero luego desconecté y me puse a pensar en mis cosas. Dejé el piloto automático; una sonrisa espectacular que alternaba con el ceño fruncido y el arqueo de cejas cercano a la sorpresa. Luego me tocó el turno de hablar a mi. Comencé a contarle un poco lo que hacía como el que rellena un formulario; dónde vivía, qué estudiaba, qué quería ser en la vida, total, diez minutos tirados a la basura. Como no nos conocíamos de nada, y para darle algo más de emoción a la narración, me inventé algunos datos de mi biografía. Pareció gustarle mucho mi trayectoria. Solo le contrarió mi edad. Cuando le dije que tenía veintidós años casi le da un infarto. Él tenía casi cuarenta.
Llegamos al sitio donde, supuestamente, el tio quería llevarme para que viera no se qué de unos barcos con luces, la torre Effiel al fondo, bla, bla, bla. Era un sitio bastante oscuro pero había gente alrededor así que no había peligro de que me asesinase después de haberme violado. Estábamos justo debajo del puentecito, sentados en un banco, contemplando el Sena y viendo los barcos pasar alegremente repletos de turistas. Todas las luces se reflejaban en el agua. La Torre Effiel estaba encendida y, aunque estaba a mucha distancia, no daba la impresión de estar tan lejos. De repente las luces comenzaron a parpadear. Luego Jorge me contó que eso solo ocurría cada hora, así que habíamos tenido suerte. Todos reposaba en una perfecta calma, aquel cuadro de belleza imperturbable se extendía ante mis ojos y me llenaba de una fiebre de vida que hacía latir mi corazón cada vez más fuerte. Comenté algo sobre lo bonito que era aquello y él se vio reafirmado en su decisión de haberme llevado allí. Hablamos algo más, sobre todo él. Cuando yo empezaba a hablar me interrumpía para hacer algún comentario y continuaba contándome algo que no tenía mucho que ver con lo que le había dicho.
Le dije que tenía que irme, que había quedado para ir a tomar algo. Me acompañó hasta el metro. Fuimos riéndonos hasta la parada, haciendo bromas y chistes fáciles. Se despidió de mi con dos besos.
Por la noche me bebí media botella de whisky de un compañero de piso de mi amiga. No tenía intención de volver a quedar con Jorge en la vida.
Al día siguiente me llamó y me dijo que si quedábamos. Le dije que si. Cuando nos vimos me pareció guapísimo. La noche anterior había estado rumiando una imagen de él que, por supuesto, no le hacía justicia. Me estaba esperando a la salida del metro. Desde lejos parecía un modelo de las revistas, alto y de hombros anchos, y al acercarme descubrí que de día su color de ojos era muy bonito. Fuimos al apartamento de su amigo y bebimos cerveza mientras sonaban canciones de Blossom Deaire. Hablamos, él se hizo un porro y yo mientras me fumé medio paquete de tabaco. No me gustó imaginarlo desnudo sobre mi, y además empezaba a aburrirme otra vez. Le dije que me tenía que ir. Me acompañó al metro y allí me dijo, como estamos en París voy a besarte. A mi casi se me sale el corazón de su sitio. No me va a gustar, pensaba, después de que me bese querrá besarme una y otra vez hasta hartarse, y, mientras yo pensaba esto me besó. Su boca era enorme, pero besaba bien. Sabía a porro y a cerveza. Quedamos en vernos en Madrid. Me metí en el metro y desaparecí.
Mi vuelo salía un día antes que el suyo. En cuanto llegó a España me llamó. Quedamos en tomar algo la tarde de un domingo, pero no fui.
Esta mañana me acerqué a una librería, en la que por supuesto, no tenían nada de lo que buscaba. Cuando llegué a casa me acordé de Jorge; las calles de París, las cervezas en el apartamento, sus manos liando aquel porro, y pensé que no me había portado nada bien. Le llamé para ver qué tal le iba. Me recibió la misma voz grave. Pude percibir su cabreo. No fue para tanto, debería estar contento de haber recibido esta inesperada llamada y no tratando de que yo le diese excusas válidas para permitirse volver a verme y así volver a intentar acostarse conmigo. Empecé a odiarle. Es un tio que interrumpe cuando intentas hablar, no quiero tener que aguantar de nuevo todo el rollo de su éxito profesional, no sé porqué coño se me ha ocurrido llamarle. Le dije que tenía que estudiar mucho y que cuando tuviese un rato libre le llamaría...Él insistió en vernos esa misma noche, yo le dije que no, él dijo, podemos vernos mañana, no tengo nada a partir de las siete, me estaba poniendo verdaderamente nerviosa. Me despedí diciendo que le llamaría a lo largo del fin de semana.
Por supuesto, no tengo ninguna intención de hacerlo.
Un estudiante erasmus con el que también coincidí en aquel vagón, gilipollas como casi todos, vino a hablarme para ver si conseguía follar esa noche. Evidentemente, como me pareció un subnomal sin remedio, le di largas y una dirección de correo electrónico que no utilizo. El tipo de la guitarra lo observaba todo y me dedicaba de vez en cuando, alguna sonrisa cómplice. Intuí que era un hombre inteligente; se reía cuando tenía que reírse. Además iba leyendo un libro, y bueno, eso siempre es un dato a favor cuando necesitas una excusa para mitificar a una persona, y tienes dudas acerca de si te lo tirarás o no. Hablamos un poco antes de que se bajase del metro. Me dijo que era escritor y actor, y que solamente pasaría unos días en París. Cuando llegamos a su parada me dio un papel, con su número de teléfono y su nombre, que, supuse, debía llevar preparado desde el avión.
Los días posteriores al encuentro, estuve fantaseando con él; Jorge. Estaba escrito con trazos decididos, en tinta negra. Jorge el escritor. Compondrá canciones evocándome en cada una de sus letras, me llevará a su casa repleta de libros, fumaremos escuchando música, y nos deleitamos con los placeres de la vida. Qué alegría, qué cosas tan maravillosas suceden a veces. La vida es un regalo que no sé porqué me empeño en no aceptar. Debería pensar menos y vivir más, salir más de casa y no estar tanto tiempo en ese cuarto escribiendo gilipolleces.
En cuanto logré librarme de algunos compromisos con la gente a la que había ido a visitar le llamé. Recuerdo que estaba en Montmartre y desde allí podía ver toda la ciudad a mis pies. No me gustó su voz, era demasiado grave, pero lo pasé por alto porque era escritor; cuando le conocí llevaba un libro en la mano y una gitarra, no todo iba a ser perfecto. Me contó que había estado en una fiesta con gente importante en París, que estaba tratando de que alguien le subvencionara el proyecto de una película de la que había escrito el guión. También dejó caer que se hospedaba en casa de un actor frances de renombre, amigo suyo. A mi todo esto me daba igual, pero el tio quería asegurarse la cita.
Estuve bastante nerviosa. Me duche, me maquillé, elegí la ropa adecuada, y me lancé a la calle. En el metro preparé una serie de temas sobre los que podríamos hablar, memoricé algunas frases a las que acudiría en el caso de que hubiera que charlar sobre una cosa u otra, y repasé mentalmente las útimas películas, los últimos libros y las últimas noticias de actualidad. También imaginé cómo sería desnudo, el tamaño de su pene, y cosas por el estilo.
Qué bonito sería encontrar al amor de mi vida en París, el hombre por el que me volví loca de pasión y por el cual dejaría toda mi anterior vida de promiscuidad. Se acabó errar en busca de lo auténtico.
Habíamos quedado en Luxemburg. Cuando le vi no me gustó nada. Su sonrisa me recordó a la de un amigo de mis padres, un tio gordo y con cara de retrasado mental. Bueno, en las primeras citas no se suele follar, así que estás un rato charlando y luego le dices que te tienes que ir.
Caminamos un poco por Saint Michel. El tio no paraba de hablar, parecía que le habían dado cuerda, que si corto por aquí, que si película por allá...Yo al principio le escuchaba y sonreía ante los comentarios que creía, debía considerar graciosos, pero luego desconecté y me puse a pensar en mis cosas. Dejé el piloto automático; una sonrisa espectacular que alternaba con el ceño fruncido y el arqueo de cejas cercano a la sorpresa. Luego me tocó el turno de hablar a mi. Comencé a contarle un poco lo que hacía como el que rellena un formulario; dónde vivía, qué estudiaba, qué quería ser en la vida, total, diez minutos tirados a la basura. Como no nos conocíamos de nada, y para darle algo más de emoción a la narración, me inventé algunos datos de mi biografía. Pareció gustarle mucho mi trayectoria. Solo le contrarió mi edad. Cuando le dije que tenía veintidós años casi le da un infarto. Él tenía casi cuarenta.
Llegamos al sitio donde, supuestamente, el tio quería llevarme para que viera no se qué de unos barcos con luces, la torre Effiel al fondo, bla, bla, bla. Era un sitio bastante oscuro pero había gente alrededor así que no había peligro de que me asesinase después de haberme violado. Estábamos justo debajo del puentecito, sentados en un banco, contemplando el Sena y viendo los barcos pasar alegremente repletos de turistas. Todas las luces se reflejaban en el agua. La Torre Effiel estaba encendida y, aunque estaba a mucha distancia, no daba la impresión de estar tan lejos. De repente las luces comenzaron a parpadear. Luego Jorge me contó que eso solo ocurría cada hora, así que habíamos tenido suerte. Todos reposaba en una perfecta calma, aquel cuadro de belleza imperturbable se extendía ante mis ojos y me llenaba de una fiebre de vida que hacía latir mi corazón cada vez más fuerte. Comenté algo sobre lo bonito que era aquello y él se vio reafirmado en su decisión de haberme llevado allí. Hablamos algo más, sobre todo él. Cuando yo empezaba a hablar me interrumpía para hacer algún comentario y continuaba contándome algo que no tenía mucho que ver con lo que le había dicho.
Le dije que tenía que irme, que había quedado para ir a tomar algo. Me acompañó hasta el metro. Fuimos riéndonos hasta la parada, haciendo bromas y chistes fáciles. Se despidió de mi con dos besos.
Por la noche me bebí media botella de whisky de un compañero de piso de mi amiga. No tenía intención de volver a quedar con Jorge en la vida.
Al día siguiente me llamó y me dijo que si quedábamos. Le dije que si. Cuando nos vimos me pareció guapísimo. La noche anterior había estado rumiando una imagen de él que, por supuesto, no le hacía justicia. Me estaba esperando a la salida del metro. Desde lejos parecía un modelo de las revistas, alto y de hombros anchos, y al acercarme descubrí que de día su color de ojos era muy bonito. Fuimos al apartamento de su amigo y bebimos cerveza mientras sonaban canciones de Blossom Deaire. Hablamos, él se hizo un porro y yo mientras me fumé medio paquete de tabaco. No me gustó imaginarlo desnudo sobre mi, y además empezaba a aburrirme otra vez. Le dije que me tenía que ir. Me acompañó al metro y allí me dijo, como estamos en París voy a besarte. A mi casi se me sale el corazón de su sitio. No me va a gustar, pensaba, después de que me bese querrá besarme una y otra vez hasta hartarse, y, mientras yo pensaba esto me besó. Su boca era enorme, pero besaba bien. Sabía a porro y a cerveza. Quedamos en vernos en Madrid. Me metí en el metro y desaparecí.
Mi vuelo salía un día antes que el suyo. En cuanto llegó a España me llamó. Quedamos en tomar algo la tarde de un domingo, pero no fui.
Esta mañana me acerqué a una librería, en la que por supuesto, no tenían nada de lo que buscaba. Cuando llegué a casa me acordé de Jorge; las calles de París, las cervezas en el apartamento, sus manos liando aquel porro, y pensé que no me había portado nada bien. Le llamé para ver qué tal le iba. Me recibió la misma voz grave. Pude percibir su cabreo. No fue para tanto, debería estar contento de haber recibido esta inesperada llamada y no tratando de que yo le diese excusas válidas para permitirse volver a verme y así volver a intentar acostarse conmigo. Empecé a odiarle. Es un tio que interrumpe cuando intentas hablar, no quiero tener que aguantar de nuevo todo el rollo de su éxito profesional, no sé porqué coño se me ha ocurrido llamarle. Le dije que tenía que estudiar mucho y que cuando tuviese un rato libre le llamaría...Él insistió en vernos esa misma noche, yo le dije que no, él dijo, podemos vernos mañana, no tengo nada a partir de las siete, me estaba poniendo verdaderamente nerviosa. Me despedí diciendo que le llamaría a lo largo del fin de semana.
Por supuesto, no tengo ninguna intención de hacerlo.
jueves 27 de marzo de 2008
Prismas
Estoy, ahora mismo, devorando una pizza grasienta. En los signos de puntuación aprovecho para hacer una pausa y alcanzar otro trozo con la mano. Mis dedos manchados bailotean por el teclado dejándolo todo asqueroso. No imagino a Onetti engullendo una hamburguesa mientras buscaba la palabra definitiva para un relato; a Sartre, con la boca manchada de mayonesa, tratando de encontrar un adjetivo adecuado. Ellos fumaban. Yo también fumo, pero después de haberlo ingerido todo.
Ahora.
Ahora que fumo las palabras saldrán de mis manos como dictadas por los dioses. Una prosa fluida, inmejorable. Oraciones como piedras preciosas; cada una única, imprescindible.
Si la gente supiese ver tu talento, -me digo-, si llegase a comprender la complejidad de tus ideas. No puedo enseñar demasiado lo que escribo porque los humanos piensan que insulto a todo el mundo. No comprenden que es mi deber, como Blake, poeta profeta al que los dioses le habían delegado la tarea de llevar la poesía a los hombres, yo tengo que cumplir mi misión en este cochino mundo. Pero la gente no sabe ver nada. Están demasiado ocupados pagando hipotecas y aprobando asignaturas de carreras absurdas. Diana, tú no le temas a la soledad y a la incomprensión, tu deber es dar testimonio, tienes una cita con la historia.
Y voy a clase.
Por la mañana el profesor, en lugar de enseñar, se dedica a hacer monólogos absurdos sobre la cultura y sobre temas de actualidad, para que la masa estúpida le ría las gracias. La gente lo pasa en grande. Así no cogemos apuntes, se dicen. Yo me río de ellos. Pienso, sois todos una panda de gilipollas, a lo máximo que podéis aspirar es a ser profesores de universidad, bufones y monologuistas, me dais asco y ójala ninguno de vosotros hubiéseis podido estudiar y tener esos libros que no entendeis en la manos.
Ésto no es para vosotros. Vosotros deberías ser lingüistas, profesores de latín, no estáis capacitados para estudiar literatura. Cómo os atrevéis a comentar textos que ni siquiera comprendéis. Absurdos. Memos. La vida es injusta. Cualquier mendigo tiene más sensibilidad y más derecho a estar aquí que esta panda de retrasados.
Cuando termina la clase quiero vomitar mi odio sobre ellos. Me gustaría hablar con el profesor, decirle que es un hijo de puta.
La universidad está podrida. Es una gran mentira que se sustenta gracias a unos cuantos gilipollas.
Un señor con unos dientes desproporcionadamente grandes me hace una encuesta sobre Dios. "¿Crees en Dios?" me pregunta. Cuando mi hermano murió creía que Dios lo cuidaría, que mi hermano siempre estaría viéndome desde el cielo. Miro a ese señor con cierta perplejidad. Le digo que no. Me dice que le dé argumentos. Le digo que no me apetece, que simplemente no creo. Después de hacerme unas cuantas preguntas absurdas me deja en paz.
La segunda clase me interesa. Hablamos de cómo fuimos tan sumamente hijos de puta con América del Sur. El profesor nos pone una entrevista que le hicieron a Galeano. La gente habla mientras Galeano elabora una respuesta perfecta sobre la situación de Uruguay. Utiliza las palabras precisas, habla realmente bien, me gusta su voz. La puta que está detrás de mí tiene algo muy importante que decir sobre el fin de semana pasado. Ójala hubieses muerto en aquel bar, zorra impúdica.
Prescindo de ir a la última clase. Me parece una pérdida de tiempo. Semántica y Pragmática del español. ¿A quién le puede interesar eso? Tengo cosas más importantes que hacer. Yo soy escritora, no soy como vosotros, únicamente me interesa lo que nutre, lo que hace trabajar mi cerebro y me permite sublimar mis pensamientos.
De camino a casa me desinflo. Hay un cielo precioso. Las nubes que están cerca del sol se tiñen de sangre. Me encierro en mi habitación, triste y cansada de este mundo ciego y sordo, pensando en lo sola y desgraciada que me siento. No eres nada, Diana. Eres un punto diminuto en el mundo; bajo este cielo solo eres una hormiga estúpida que sueña con salir del agujero. Eres un poco mierda. Eres mierda. Eres peor que la mierda y lo sabes. ¿Acaso te crees mejor que cualquiera de los que desprecias?. Eres un fraude.
Ahora.
Ahora que fumo las palabras saldrán de mis manos como dictadas por los dioses. Una prosa fluida, inmejorable. Oraciones como piedras preciosas; cada una única, imprescindible.
Si la gente supiese ver tu talento, -me digo-, si llegase a comprender la complejidad de tus ideas. No puedo enseñar demasiado lo que escribo porque los humanos piensan que insulto a todo el mundo. No comprenden que es mi deber, como Blake, poeta profeta al que los dioses le habían delegado la tarea de llevar la poesía a los hombres, yo tengo que cumplir mi misión en este cochino mundo. Pero la gente no sabe ver nada. Están demasiado ocupados pagando hipotecas y aprobando asignaturas de carreras absurdas. Diana, tú no le temas a la soledad y a la incomprensión, tu deber es dar testimonio, tienes una cita con la historia.
Y voy a clase.
Por la mañana el profesor, en lugar de enseñar, se dedica a hacer monólogos absurdos sobre la cultura y sobre temas de actualidad, para que la masa estúpida le ría las gracias. La gente lo pasa en grande. Así no cogemos apuntes, se dicen. Yo me río de ellos. Pienso, sois todos una panda de gilipollas, a lo máximo que podéis aspirar es a ser profesores de universidad, bufones y monologuistas, me dais asco y ójala ninguno de vosotros hubiéseis podido estudiar y tener esos libros que no entendeis en la manos.
Ésto no es para vosotros. Vosotros deberías ser lingüistas, profesores de latín, no estáis capacitados para estudiar literatura. Cómo os atrevéis a comentar textos que ni siquiera comprendéis. Absurdos. Memos. La vida es injusta. Cualquier mendigo tiene más sensibilidad y más derecho a estar aquí que esta panda de retrasados.
Cuando termina la clase quiero vomitar mi odio sobre ellos. Me gustaría hablar con el profesor, decirle que es un hijo de puta.
La universidad está podrida. Es una gran mentira que se sustenta gracias a unos cuantos gilipollas.
Un señor con unos dientes desproporcionadamente grandes me hace una encuesta sobre Dios. "¿Crees en Dios?" me pregunta. Cuando mi hermano murió creía que Dios lo cuidaría, que mi hermano siempre estaría viéndome desde el cielo. Miro a ese señor con cierta perplejidad. Le digo que no. Me dice que le dé argumentos. Le digo que no me apetece, que simplemente no creo. Después de hacerme unas cuantas preguntas absurdas me deja en paz.
La segunda clase me interesa. Hablamos de cómo fuimos tan sumamente hijos de puta con América del Sur. El profesor nos pone una entrevista que le hicieron a Galeano. La gente habla mientras Galeano elabora una respuesta perfecta sobre la situación de Uruguay. Utiliza las palabras precisas, habla realmente bien, me gusta su voz. La puta que está detrás de mí tiene algo muy importante que decir sobre el fin de semana pasado. Ójala hubieses muerto en aquel bar, zorra impúdica.
Prescindo de ir a la última clase. Me parece una pérdida de tiempo. Semántica y Pragmática del español. ¿A quién le puede interesar eso? Tengo cosas más importantes que hacer. Yo soy escritora, no soy como vosotros, únicamente me interesa lo que nutre, lo que hace trabajar mi cerebro y me permite sublimar mis pensamientos.
De camino a casa me desinflo. Hay un cielo precioso. Las nubes que están cerca del sol se tiñen de sangre. Me encierro en mi habitación, triste y cansada de este mundo ciego y sordo, pensando en lo sola y desgraciada que me siento. No eres nada, Diana. Eres un punto diminuto en el mundo; bajo este cielo solo eres una hormiga estúpida que sueña con salir del agujero. Eres un poco mierda. Eres mierda. Eres peor que la mierda y lo sabes. ¿Acaso te crees mejor que cualquiera de los que desprecias?. Eres un fraude.
miércoles 26 de marzo de 2008
Vigilia
No padezco insomnio, suelo decir que sí porque queda muy literario. El problema es que los días en los que no he hecho gran cosa, siento que debo aprovechar para leer algo por la noche.
Mi compañero de piso, que se mueve por la casa sigiloso como un felino, asomó la cabeza por la puerta entreabierta y contempló el panorama; a las dos de la mañana chateando en una habitación a oscuras, igual que la gente sin vida. Trajo a unos amigos algo extraños. Venían bastante borrachos y ante mi presencia trataban de que su borrachera resultase más evidente. Me contaron lo que habían hecho. Su boca desprendía un hedor insoportable, y yo trataba de separme y de mantenerlos fuera de mi habitación. Hicieron un par de bromas y me enseñaron unas gafas con luces que casi me dejan ciega. Estaba claro que querían cortejarme; lo leí en sus ojos; además, cuando este tipo de hombres exagera el grado de embriaguez, lo hace porque así puede permitirse cosas que, de otra manera, jamás se atrevería a hacer, como pedirme un beso de buenas noches. Al final se lo dí, con muchísimas ganas de vomitarle encima.
Después de todo esto, volví a sacar mi colchón para que uno de ellos durmiese en el salón.
A eso de las cuatro decidí que ya era hora de irse a la cama. Me puse a leer, pensando que no duraría más de un capítulo, hasta que comencé a escuchar una especie de horrible rugido detrás de la puerta. Pensé que era imposible que se tratase de un ronquido, era demasiado fuerte. Cerré el libro, me quedé quieta. Era como si se axfisiase, como un animal agonizante. Intenté seguir leyendo un rato. Hubo un momento en el que el ronquido cesó y pensé "se ha muerto", pero desgraciadamente, volvió, y yo comencé a odiarle con una fuerza aterradora. Quería levantarme de la cama, saltar sobre él y arrojarlo por la ventana como si fuese un trapo, pero me contuve. No hubiera tenido ningún problema en matarle, quiero decir, sé que no hubiese sentido demasiado remordimiento. Le olía mal el aliento, era bastante desagradable físicamente y hablaba como si tuviese vegetaciones. Su existencia era perfectamente prescindible. Pero en esos momentos recuerdo todo lo que aprendí en el colegio de monjas, me vienen a la mente todas las frases que mi madre siempre me ha repetido y me contengo. Estas cosas nunca llegan a trascender.
Al final conseguí dormirme.
A las seis y media de la mañana, por increíble que parezca, el muy hijo de puta empezó a hacer ruidos con bolsas y maletas. Me dio un susto de muerte. Uno de los amigos de mi compañero de piso (no sé si el hijo de puta o el otro), empezo a llamar al timbre de abajo y yo, que me había despertado asustada, comencé a pensar que me violarían, que al haber venido borrachos darían rienda suelta a su instinto animal y abrirían la puerta para hacerme todo tipo de perversiones. Encendí la luz unos minutos para valorar la situación con frialdad y me convencí de que aquello era una locura, que por muy borrachos que estuviesen no serían capaces de traspasar el umbral que separa el pensamiento de la acción, así que al final conseguí dormirme.
He tenido pesadillas y me he levantado de muy mal humor.
Quiero vivir sola, no soporto a la gente.
Mi compañero de piso, que se mueve por la casa sigiloso como un felino, asomó la cabeza por la puerta entreabierta y contempló el panorama; a las dos de la mañana chateando en una habitación a oscuras, igual que la gente sin vida. Trajo a unos amigos algo extraños. Venían bastante borrachos y ante mi presencia trataban de que su borrachera resultase más evidente. Me contaron lo que habían hecho. Su boca desprendía un hedor insoportable, y yo trataba de separme y de mantenerlos fuera de mi habitación. Hicieron un par de bromas y me enseñaron unas gafas con luces que casi me dejan ciega. Estaba claro que querían cortejarme; lo leí en sus ojos; además, cuando este tipo de hombres exagera el grado de embriaguez, lo hace porque así puede permitirse cosas que, de otra manera, jamás se atrevería a hacer, como pedirme un beso de buenas noches. Al final se lo dí, con muchísimas ganas de vomitarle encima.
Después de todo esto, volví a sacar mi colchón para que uno de ellos durmiese en el salón.
A eso de las cuatro decidí que ya era hora de irse a la cama. Me puse a leer, pensando que no duraría más de un capítulo, hasta que comencé a escuchar una especie de horrible rugido detrás de la puerta. Pensé que era imposible que se tratase de un ronquido, era demasiado fuerte. Cerré el libro, me quedé quieta. Era como si se axfisiase, como un animal agonizante. Intenté seguir leyendo un rato. Hubo un momento en el que el ronquido cesó y pensé "se ha muerto", pero desgraciadamente, volvió, y yo comencé a odiarle con una fuerza aterradora. Quería levantarme de la cama, saltar sobre él y arrojarlo por la ventana como si fuese un trapo, pero me contuve. No hubiera tenido ningún problema en matarle, quiero decir, sé que no hubiese sentido demasiado remordimiento. Le olía mal el aliento, era bastante desagradable físicamente y hablaba como si tuviese vegetaciones. Su existencia era perfectamente prescindible. Pero en esos momentos recuerdo todo lo que aprendí en el colegio de monjas, me vienen a la mente todas las frases que mi madre siempre me ha repetido y me contengo. Estas cosas nunca llegan a trascender.
Al final conseguí dormirme.
A las seis y media de la mañana, por increíble que parezca, el muy hijo de puta empezó a hacer ruidos con bolsas y maletas. Me dio un susto de muerte. Uno de los amigos de mi compañero de piso (no sé si el hijo de puta o el otro), empezo a llamar al timbre de abajo y yo, que me había despertado asustada, comencé a pensar que me violarían, que al haber venido borrachos darían rienda suelta a su instinto animal y abrirían la puerta para hacerme todo tipo de perversiones. Encendí la luz unos minutos para valorar la situación con frialdad y me convencí de que aquello era una locura, que por muy borrachos que estuviesen no serían capaces de traspasar el umbral que separa el pensamiento de la acción, así que al final conseguí dormirme.
He tenido pesadillas y me he levantado de muy mal humor.
Quiero vivir sola, no soporto a la gente.
martes 25 de marzo de 2008
Detrás del telón
Ya no sé que puedo contarle a mi psicoanalista.
Después de tanto tiempo indagando en mi mente, no encuentro las palabras donde reside el problema. Mientras voy amontonando palabras, mientras intento poner orden en este caos extraño de ideas confusas y dañinas, me doy cuenta de lo poco que sirve.
En Francia pensé en lo inútil que es tratar de que te entiendan, en general, pero sobre todo, de lo inútil que es intentar hacerte entender si ni siquiera tú te entiendes y si ni siquiera estás contando lo que verdaderamente eres o piensas que eres en ese determinado momento.
Pero supongo que hay algo inextirpable en el ser humano, y es la tendencia a mentir, incluso cuando su vida o su salud dependen de ello. Me da vergüenza que me vea, me da miedo verme.
Y bueno, al fin y al cabo, como dijo Schopenhauer, solo uno mismo puede entender su propio pensamiento.
He sacado en conclusión que, para dejar de sumirme en la desesperación, debo volver a una dinámica de trabajo y autodisciplina. Suena fatal. Suena a encadenarse a un coñazo brutal, así que se me ocurren miles de razones para no hacerlo.
Y cuando le digo a Willy que todo el mundo está jodido, me mira y me dice "si esos que dices que están jodidos encontraran un coño donde meter la polla se dejarían de gilipolleces", lo dice pensando en la gente sin instinto de la que siempre habla, pero no es eso, un coño es una solución a corto plazo que te distrae de la verdadera mierda que te rodea. Él también lo sabe, pero es más fácil ver las cosas así, total, es más fácil soportar a alguien que necesita un coño que aguantar a una persona jodida por la existencia, a una persona sola, vacía y cansada. Además un coño no es tan difícil de conseguir.
Desde luego si dijese otra cosa me sonaría a misticismo vano y absurdo y los dos terminaríamos riéndonos, pero claro que hay algo detrás de toda esta superficialidad, y todos lo sabemos, pero fingimos que no, para no tener que soportar más de lo que nos soportamos a nosotros mismos. Por eso todo es una mentira gigante de la que cada uno, a su manera, forma parte.
A mi este texto con pretensiones de ensayo filosófico de aquél que parte de no saber nada y se interroga acerca de preceptos básicos para sentar, poco a poco, unas bases para entender el mundo, me parece una mierda y me ha salido sin querer.
Me he dormido y no he ido a poesía romántica. Pero no ha sido una de esas veces en las que el despertador, por un misterioso azar, no llega a sonar. No, no ha sido eso, me he dormido aposta. He querido dormirme porque me aburre ese profesor que reza las poesías como si fueran letanías, por esos alumnos aburridos de sí mismos, de la poesía y del profesor, por esa clase con esos ventanales desde los que ven los árboles talados y el cielo gris siempre a punto de vomitar lluvia negra y espesa.
Me he dormido porque esta mañana he estado allí y sigo sin verle sentido alguno a esa gente y a esas caras, y a esos libros, y sigo sin entederme en ese contexto, escondida en mi gabardina, fumando y maldiciendo, y pensando que quizá sea verdad que ese no es mi sitio y que mi lugar está dentro de un cuaderno centauro, que en realidad escribir es echarle huevos, aunque no tenga ningún talento.
No me veo soportando una vida normal. ¿Dónde se mete la gente que no encaja? Me gustaría encontrarles y preguntar cómo lo hicieron. El problema es que esa gente está escondida, que no se dejan conocer tan fácilmente, que siempre la gente que te habla en la facultad es gente absurda y gilipollas con ganas de pasar el rato o de follar, la gente que se te acerca en los bares, la gente que se deja ver, tiene el mismo problema que tú. Yo también quiero esconderme y que esta mierda me toque lo menos posible.
El asunto, como siempre, es encontrar el cómo.
Después de tanto tiempo indagando en mi mente, no encuentro las palabras donde reside el problema. Mientras voy amontonando palabras, mientras intento poner orden en este caos extraño de ideas confusas y dañinas, me doy cuenta de lo poco que sirve.
En Francia pensé en lo inútil que es tratar de que te entiendan, en general, pero sobre todo, de lo inútil que es intentar hacerte entender si ni siquiera tú te entiendes y si ni siquiera estás contando lo que verdaderamente eres o piensas que eres en ese determinado momento.
Pero supongo que hay algo inextirpable en el ser humano, y es la tendencia a mentir, incluso cuando su vida o su salud dependen de ello. Me da vergüenza que me vea, me da miedo verme.
Y bueno, al fin y al cabo, como dijo Schopenhauer, solo uno mismo puede entender su propio pensamiento.
He sacado en conclusión que, para dejar de sumirme en la desesperación, debo volver a una dinámica de trabajo y autodisciplina. Suena fatal. Suena a encadenarse a un coñazo brutal, así que se me ocurren miles de razones para no hacerlo.
Y cuando le digo a Willy que todo el mundo está jodido, me mira y me dice "si esos que dices que están jodidos encontraran un coño donde meter la polla se dejarían de gilipolleces", lo dice pensando en la gente sin instinto de la que siempre habla, pero no es eso, un coño es una solución a corto plazo que te distrae de la verdadera mierda que te rodea. Él también lo sabe, pero es más fácil ver las cosas así, total, es más fácil soportar a alguien que necesita un coño que aguantar a una persona jodida por la existencia, a una persona sola, vacía y cansada. Además un coño no es tan difícil de conseguir.
Desde luego si dijese otra cosa me sonaría a misticismo vano y absurdo y los dos terminaríamos riéndonos, pero claro que hay algo detrás de toda esta superficialidad, y todos lo sabemos, pero fingimos que no, para no tener que soportar más de lo que nos soportamos a nosotros mismos. Por eso todo es una mentira gigante de la que cada uno, a su manera, forma parte.
A mi este texto con pretensiones de ensayo filosófico de aquél que parte de no saber nada y se interroga acerca de preceptos básicos para sentar, poco a poco, unas bases para entender el mundo, me parece una mierda y me ha salido sin querer.
Me he dormido y no he ido a poesía romántica. Pero no ha sido una de esas veces en las que el despertador, por un misterioso azar, no llega a sonar. No, no ha sido eso, me he dormido aposta. He querido dormirme porque me aburre ese profesor que reza las poesías como si fueran letanías, por esos alumnos aburridos de sí mismos, de la poesía y del profesor, por esa clase con esos ventanales desde los que ven los árboles talados y el cielo gris siempre a punto de vomitar lluvia negra y espesa.
Me he dormido porque esta mañana he estado allí y sigo sin verle sentido alguno a esa gente y a esas caras, y a esos libros, y sigo sin entederme en ese contexto, escondida en mi gabardina, fumando y maldiciendo, y pensando que quizá sea verdad que ese no es mi sitio y que mi lugar está dentro de un cuaderno centauro, que en realidad escribir es echarle huevos, aunque no tenga ningún talento.
No me veo soportando una vida normal. ¿Dónde se mete la gente que no encaja? Me gustaría encontrarles y preguntar cómo lo hicieron. El problema es que esa gente está escondida, que no se dejan conocer tan fácilmente, que siempre la gente que te habla en la facultad es gente absurda y gilipollas con ganas de pasar el rato o de follar, la gente que se te acerca en los bares, la gente que se deja ver, tiene el mismo problema que tú. Yo también quiero esconderme y que esta mierda me toque lo menos posible.
El asunto, como siempre, es encontrar el cómo.
Posibles imposibles
Como soy un desastre, la mujer del Erasmus se ríe de mi cuando llevo mi solicitud firmada y con la foto de chica sonriente.
El psicoanalista, los libros de Wordsworth, la exposición de Cervantes, el trabajo sobre Uruguay, los conciertos, Fuentetaja, el curso intensivo del Csim, Malasaña, currar en el Molly, las lecturas de XVII...
Y me molaría tener un perro.
El psicoanalista, los libros de Wordsworth, la exposición de Cervantes, el trabajo sobre Uruguay, los conciertos, Fuentetaja, el curso intensivo del Csim, Malasaña, currar en el Molly, las lecturas de XVII...
Y me molaría tener un perro.
lunes 24 de marzo de 2008
Quizá...
Récord de horas juntos.
En un sofá-cama que un día cortaste con un cuchillo, pizza palacios, "El gran Lewosky" de fondo, intentando no dormirme, porque en realidad tengo ganas de ver la peli, "Bananas" de Woody Allen, que bueno, "es que era joven", el bunker del odio, porque no hace falta tener más amigos, (¿Por qué no quieren quedar con nosotros?), las sábanas se están lavando, te cuento lo desgracia que ha sido mi vida en determiandos momentos, la gente es gilipollas, pero nosotros no, nosotros somos la ostia, y mira, me he sentido toda mi vida lejos de la gente, y también me siento lejos de ti, pero sé que esto es lo más cerca que puedo llegar a estar y es increíble que dos personas tan parecidas se conozcan.
Aunque esto sea cosa de un par de semanas, ¿no?
En un sofá-cama que un día cortaste con un cuchillo, pizza palacios, "El gran Lewosky" de fondo, intentando no dormirme, porque en realidad tengo ganas de ver la peli, "Bananas" de Woody Allen, que bueno, "es que era joven", el bunker del odio, porque no hace falta tener más amigos, (¿Por qué no quieren quedar con nosotros?), las sábanas se están lavando, te cuento lo desgracia que ha sido mi vida en determiandos momentos, la gente es gilipollas, pero nosotros no, nosotros somos la ostia, y mira, me he sentido toda mi vida lejos de la gente, y también me siento lejos de ti, pero sé que esto es lo más cerca que puedo llegar a estar y es increíble que dos personas tan parecidas se conozcan.
Aunque esto sea cosa de un par de semanas, ¿no?
jueves 20 de marzo de 2008
Síntesis
Hemos vuelto de París.
Como hacer una extensa valoración del viaje me parece una gilipollez, entre otras cosas porque este blog no lo lee nadie, y porque, además, es mejor guardar las cosas en el recuerdo como fueron, mientras que poco a poco el tiempo las deforma y manipula en la cabeza, solamente diré que me alegro mucho de haber ido. Mucho, mucho.
He conseguido comprimir un año en una semana.
Como hacer una extensa valoración del viaje me parece una gilipollez, entre otras cosas porque este blog no lo lee nadie, y porque, además, es mejor guardar las cosas en el recuerdo como fueron, mientras que poco a poco el tiempo las deforma y manipula en la cabeza, solamente diré que me alegro mucho de haber ido. Mucho, mucho.
He conseguido comprimir un año en una semana.
martes 11 de marzo de 2008
sábado 1 de marzo de 2008
Pandémica y Celeste
quam magnus numerus Libyssae arenae
................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.
Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.
Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
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